Tranvias en mi infancia
No hubo tranvias en mi infancia, pese a vivir justo delante del antiguo paradero de estos fascinantes transportes citadinos. Solo los rieles eran testigos mudos de un espectáculo que todo niño hubiese querido ver y disfrutar: el rodar bullicioso de estos corceles de metal por la ciudad..
El no haberlos visto de niño no me provoca nostalgia, aunque si y a ratos, sobre todos los sábados, evoco la magia de uno de esos días especiales en mi natal La Víbora, paradero final e inicio de mis tranvias nunca vistos.
En el radio de casa sonaba la música de Vicentico Valdés, El Benny, La Orquesta Aragón.... El aire se permeaba de los olores de la ropa recien hervida y lista para ser tendida en la azotea; de los deliciosos manjares, al menos para mi, que mi madre cocinaba. La calzada llena de sonidos, ruidos, claxons, gritos, voces, música, movimiento, de vida, alegría, colores...
Cada soleado sábado, porque en Cuba, como decimos " No hay sábado sin sol ....." era el día más delicioso de la semana. Ya no hay sábados como aquellos, en principio porque mi visión de niño ha cambiado, mi ciudad ha cambiado, los olores, los ruidos, y las gentes han cambiado y por sobre todo porque los tranvías de mi infancia ya nadie los recuerda......




Aquí te volví a encontrar...
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