Entradas

Mostrando entradas de octubre, 2024

EMS

Imagen
  Mi primera experiencia con el entrenamiento EMS fue excitante. Sitio: MANDU Ciudad: Viena, Austria  Luego de una breve explicación por parte del instructor, me ayudó a colocarme el chaleco que previamente había humedecido. Ya tenía puesto una especie de traje muy parecido al shorty de neopreno que utilizamos cuando buceamos en zonas tropicales . El chaleco tiene contactos para enchufar cables que a su vez están conectados a una máquina que activada por el instructor me enviaría impulsos eléctricos a mis músculos en brazos, piernas, glúteos, pecho, espalda… Comenzó el entrenamiento y mi cuerpo fue sometido a descargas eléctricas controladas…. Al finalizar estaba eufórico, agradecido  Dos días después llegaron los dolores musculares  El entrenamiento EMS (Electro Muscle Stimulation) utiliza impulsos eléctricos para estimular los músculos durante el ejercicio. Este método activa fibras musculares profundas, logrando una contracción muscular más intensa que en el entre...

Atardecer de octubre

Imagen
  Una puesta de sol en octubre en Estocolmo es una experiencia que envuelve los sentidos y destaca el esplendor de la transición entre el día y la noche en esta época del año.  La luz solar comienza a disminuir temprano, entre las 17:00 y las 18:00 horas, lo que realza la melancolía otoñal, y la ciudad se tiñe con una paleta de colores cálidos y suaves, que van desde dorados profundos hasta tonos rosados y púrpuras.  La caída del sol se refleja en las aguas tranquilas de los canales y bahías, creando un efecto espejo que multiplica la belleza del cielo. Los árboles que flanquean las calles y parques de la ciudad, especialmente en áreas como el Djurgården y el Gamla Stan, presentan hojas de tonos rojizos, anaranjados y marrones, intensificando el contraste con el cielo. A medida que el sol desciende, la luz se vuelve más difusa y suave, perfilando los edificios históricos con un resplandor dorado que parece abrazarlos, mientras las sombras se alargan, cubriendo lentament...

Culinario asombro

Imagen
  Independientemente de la cantidad de veces que viajamos a México como integrantes del Conjunto Folclórico Universitario, el primero de aquellos viajes fue el descubrimiento, asombro mediante, de las opciones gastronómicas populares a las que el pueblo mexicano de las ciudades que visitamos, tenía acceso. Tortillas mexicanas, tacos en diferentes variantes, milanesas, bolas de carne prensadas y colgadas de un pincho y por la parte trasera ardía una llana que iba cocinando la carne, mientras el carnicero/cocinero cortaba lascas; entonces los vi por primera vez: los pollos rostizados:  colgaban de un pincho ubicado en posición horizontal y que giraba lentamente para que la carne se al cocinara de forma pareja… Aquel día, mientras recorríamos una calle en el centro de Guadalajara, nos topamos con una pequeña carnicería que albergaba una escena que nunca había visto. Al acercarme, vi una estructura metálica en la que colgaban grandes bolas de carne, perfectamente prensadas y ama...

Día en el museo.

Imagen
  Capítulo 1: Redescubriendo el Museo de Historia Natural Habían pasado años desde la primera vez que visité el Museo de Historia Natural de Estocolmo, y aunque el recuerdo siempre había estado presente, regresar a este lugar fue casi como verlo por primera vez. La fachada majestuosa del museo me recibió con esa misma grandeza, y al cruzar sus puertas me invadió una mezcla de asombro y nostalgia.  Sabía que este sitio tenía algo especial, algo que lo hacía único y que había quedado grabado en mi memoria. Recorrí las exhibiciones con una curiosidad renovada, dejándome maravillar por los esqueletos de dinosaurios que parecían cobrar vida en mi mente. A cada paso, descubrí secciones dedicadas a diferentes aspectos de la naturaleza: desde la diversidad de los ecosistemas hasta las maravillas del reino animal, y cada sala parecía contar una historia distinta. Me detenía a observar las vitrinas con fósiles antiguos, los modelos de animales en su tamaño real y las proyecciones so...

Se supone…..que todos

Imagen
  Era el 24 de octubre de 2024, en la conferencia anual del sistema deportivo de Estocolmo.  Me sentía preparado para una jornada de discusiones y presentaciones, pero lo que no esperaba era lo que sucedió justo después de la apertura.  La jefa, de pie frente a todos, nos pidió con tono seguro que sacáramos nuestros teléfonos móviles. “Necesito que accedan a internet y entren a una plataforma de conteo de votos y respuestas”, dijo, sin vacilar. De inmediato noté cómo la mayoría de los presentes, casi sin pensarlo, comenzaron a sacar sus teléfonos inteligentes y a deslizar sus dedos sobre las pantallas. Algunos, incluso, ya parecían haber completado la tarea. Me quedé un segundo sin moverme, asimilando lo que ocurría a mi alrededor. Ahí, en ese instante, me di cuenta de algo: la jefa había dado por sentado que todos tendríamos un smartphone. Como si fuera tan natural como tener un par de zapatos o una chaqueta.  No pude evitar preguntarme si alguien más, al igual que ...

Batey

Imagen
…… ese gran protagonista de nuestros patios y tendederas, tan infalible como indeseado. Aquella pastilla, más parecida a una herramienta de construcción que a un producto de higiene, reinaba en el ritual semanal de las madres cubanas. De un color mostaza indefinible, entre marrón y amarillo sucio, su olor era inconfundible. No era precisamente el tipo de aroma que quisieras llevar contigo todo el día, pero era lo que había. Era el enemigo que todos aceptaban sin cuestionar. Con ese pequeño ladrillo en mano, nuestras madres libraban batallas épicas contra manchas rebeldes y olores penetrantes, frotando con tanta fuerza que parecía que el jabón estaba decidido a desgastar la ropa antes que limpiarla. Y ahí estaban nuestras prendas, una y otra vez, sumergidas en una mezcla de agua y Batey, donde los colores parecían desvanecerse antes que la suciedad. A pesar de su dureza y su tacto áspero, el Batey no perdonaba. No solo eliminaba la mugre, sino que también se llevaba consigo un poco de t...

Viaje peligroso

Imagen
Doblando por la esquina de Diez de Octubre y Acosta en la viboreña barriada de mi juventud, la vi venir . La distancia entre mi posición y la parada de la guagua era de más de cien metros. La única opción era correr rápido para alcanzarla. Era una guagua de la ruta 174 con destino al Vedado, procedente de Lawton. De las que llamábamos acordeón por la articulación de goma que tenía para unir lo que era una guagua normal con una elongación de otro. La distancia ameritaba correr rápido y mi condición física me lo permitía sin dificultad. La guagua iba llena y yo no era el único pasajero potencial. Muchos corrimos esa mañana para lograrlo. Unos sin éxito , otros como yo alcanzamos a subirnos al estribo que a uva velocidad considerable se desplazaba por la avenida de Acosta. A dos cuadras del Monaco y frente al Parque de Goicuría, en una maniobra irresponsable para seguir sumando violaciones del tránsito a su haber, el conductor arrimó la guagua a uno de los contenedores de basuras y el res...

¿Un buchito de café?

Imagen
 Recuerdo que aquel día el sol apenas había salido cuando mi madre me despertó. Era uno de esos días de trabajo voluntario, pero yo no entendía muy bien de qué se trataba. Para mí, era solo otro día en el campo, rodeado de montes y gente apurada recogiendo café. Mi madre, siempre fuerte, me preparó un desayuno rápido y nos pusimos en marcha. El camino hacia los cafetales era largo, y a mi corta edad, cada paso parecía más grande de lo que realmente era. Llegamos al Cordón de La Habana, una zona donde se cultivaba el café que, según decían, era uno de los mejores. La brisa de la mañana tenía un olor dulce, como a tierra mojada, mezclado con ese aroma que luego supe que venía de los granos de café. Aunque era aromático, a mí no me decía nada especial. Nos dieron unas latas enormes para recoger los granos, y cuando me entregaron la mía, pensé: “Esto pesa más que yo”. Los adultos, acostumbrados a estas tareas, se movían rápido, como si fueran parte de la tierra misma. En cambio, yo sol...

Antes de servir el café…

Imagen
 Acompañé a mi madre a una de esas jornadas de « trabajo voluntario » denominación para disfrazar la exploración del hombre por el hombre que decía preocuparse por el hombre o esa especie de esclavitud moderna que practicaban antes y durante muchos años eran comunes de regímenes autoritarios y dictatoriales…. En aquel entonces no lo habíamos asimilado y yo ni me enteraba. Era un niño…. Trabajando en las labores de recogida de café. Tarea agrícola nada fácil, ninguna lo es…. Cuba, años ‘70s en el Cordón de La Habana, tratando de llenar una lata que pesaba más que yo, con el aromático y dulzón grano que luego de pasar un proceso de secado , molido y subsiguientes etapas era convertido en ese polvo que a millones de personas gusta, pero que a mí me tiene sin cuidado. ¿ Será por qué sé lo que se pasa para recolectar cada grano ?

¿ Dónde está el billete?

Imagen
 Desde mis primeros pasos en el mundo de las finanzas, allá en Cuba, las cosas eran bastante sencillas. Mi primer encuentro con el dinero fue con las monedas.  Recuerdo cómo aquellas moneditas de centavos parecían tener un poder casi mágico: con ellas podía comprar un pan con pasta o una pequeña fritura en la esquina. ¡Eso sí que era vida! No necesitaba más que mi bolsillo para llevar toda mi fortuna. Luego, llegaron los billetes. ¡Ah, los billetes! Esos papelitos que se doblaban, se rompían y, a veces, hasta olían a café si habían pasado demasiado tiempo en una bodega. Había algo especial en pagar con billetes, especialmente cuando tenías uno grande, de esos que te hacían sentir importante. Recuerdo la primera vez que me dieron uno de veinte pesos y me sentí como si tuviera el control del mundo en mi mano. Aunque siempre me preguntaba si la persona detrás del mostrador pensaría que yo era un magnate o un simple afortunado. Todo parecía estable hasta que llegué a Suecia. Aquí,...