El meneo
Iba yo caminando por una calle de Estocolmo , bien serio, con mi abrigo hasta la barbilla, sintiéndome casi sueco ya… o eso creía. Todo el mundo caminando en línea recta. Paso firme. Mirada al frente. Como si estuvieran entrenando para una competencia de “quién llega primero sin mover una ceja”. Y yo ahí, observando… analizando… como científico del comportamiento humano. —“Bueno, compadre… esto es lo que hay ahora”— me dije. De pronto, pasan dos muchachas. Y nada. Ni una curva en el aire. Ni un compás. Ni un tumbao. Aquello era como ver un documental de pingüinos… pero sin gracia. Yo me quedé pensando: —“¿Pero qué pasó con el mundo? ¿Se apagó el ritmo global o qué?” En eso, saco el móvil y me pongo a buscar —porque tú sabes que uno es curioso— y me encuentro con un supuesto documental sobre “la eficiencia del movimiento en climas fríos”. Decía algo así como: “En países nórdicos, el caminar tiende a ser funcional, directo, energético…” Y yo: —“¡Claro! ¡Fun...