Razones para un blog.
En casa convivimos con varios idiomas, como si fueran distintas corrientes que se cruzan cada día en el mismo espacio. Cuando estamos juntos mis dos hijos, su madre y yo, podemos comunicarnos en al menos tres lenguas: sueco, español y checo. Este último lo utilizan sobre todo entre ellos, como una especie de territorio compartido al que yo apenas puedo asomarme.
Yo, por mi parte, me mantengo fiel al español cuando hablo con ellos. Carla, a veces —cuando le insisto un poco—, me responde también en español, aunque con naturalidad salta de un idioma a otro. Con su madre la comunicación entre nosotros es completamente en español, mientras que ella con los niños alterna entre el sueco y el checo.
Carla estudia en una escuela donde la enseñanza se reparte a partes iguales entre sueco e inglés. Además, aprende español como idioma adicional en la escuela y los domingos dedica un tiempo al checo. Es decir, crece en un pequeño universo donde varias lenguas conviven, se mezclan y compiten por el espacio de cada día.
Fue precisamente por eso que le propuse una idea sencilla: que escribiera. Que me contara sus días, sus experiencias en la escuela, sus tardes con amigas, sus pequeñas historias cotidianas… pero en español.
De esa manera no solo practicaría el idioma, sino que también podría descubrir el placer de narrar su propio mundo. Para ayudarse, podrá recurrir a herramientas de gramática, traducción e incluso ilustraciones con la ayuda de ChatGPT.
Lo que sigue es el resultado de ese pequeño acuerdo entre padre e hija: lo que quizá, con el tiempo, termine convirtiéndose en el blog de Carla… alojado dentro del mío.
Yo, por mi parte, me mantengo fiel al español cuando hablo con ellos. Carla, a veces —cuando le insisto un poco—, me responde también en español, aunque con naturalidad salta de un idioma a otro. Con su madre la comunicación entre nosotros es completamente en español, mientras que ella con los niños alterna entre el sueco y el checo.
Carla estudia en una escuela donde la enseñanza se reparte a partes iguales entre sueco e inglés. Además, aprende español como idioma adicional en la escuela y los domingos dedica un tiempo al checo. Es decir, crece en un pequeño universo donde varias lenguas conviven, se mezclan y compiten por el espacio de cada día.
Fue precisamente por eso que le propuse una idea sencilla: que escribiera. Que me contara sus días, sus experiencias en la escuela, sus tardes con amigas, sus pequeñas historias cotidianas… pero en español.
De esa manera no solo practicaría el idioma, sino que también podría descubrir el placer de narrar su propio mundo. Para ayudarse, podrá recurrir a herramientas de gramática, traducción e incluso ilustraciones con la ayuda de ChatGPT.
Lo que sigue es el resultado de ese pequeño acuerdo entre padre e hija: lo que quizá, con el tiempo, termine convirtiéndose en el blog de Carla… alojado dentro del mío.

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