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Mostrando entradas de septiembre, 2016

A empinar......

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La azotea de casa estaba a unos 20 metros de altura de la calle; en 360 grados no había interferencia visible y siempre soplaba el viento generoso para uno de los juegos infantiles más llamativos y quizás más dificiles: empinar el papalote. Mi padre ya los traía confeccionados con varillas finas de madera o de caña brava ( bambú) y la cubierta era con "papel de china" con algun motivo decorativo. Siempre fue un desafío el levantar aquel juguete volador desde el suelo al cielo y luego jugar con él alla arriba, haciendo chapeos, cambiando o hasta luchando con otro papalote, para lo cual se le ponían crucetas con cuchillas en la cola y algallatas ( ganchos) para entarabillar el papaplote de tu contrincante. En orden de complejidad estaban: EL coronel, de enormes dimensiones y mi asignatura pendiente; el papalote y el papaguapo en igual rango y luego la chiringa; versión modestísima de algo a empinar.....

El que no sabe nadar......

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Ciso era su nombre. Amigo de la familia, soldador de profesión, pachanguero, bebedor, pero fue quien me inició en los asuntos marítimos que cuatro décadas después me siguen uniendo al 70% de la superficie planetaria. Fue en la playa de Santa María del Mar, donde aprendí a querer al mar, respetarle y a estar en armonía con él. La lección fue, si no pedagógica, según las exigencias actuales, si fue lo suficiente efectiva como para darme todos los recursos necesarios para moverme en el mar con seguridad y destreza. Fue un lujazo que mi hija no tendra aunque  asiste a una piscina bajo techo, con el agua a 29 grados celsius y una instructora certificada en la enseñanza de la natación. El mar de la mayor de las Antillas, el sol calentando y brillando, el olor del mar, la arena fina bajo tus pies, el agua salada y el mejor de los maestros. Ese día de verano llegué a la playa sin saber. Al regreso era el niño que ya sabe nadar. Gracias Ciso!

Heroe por un día

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Dia soleado, caluroso. Los alumnos de la escuela primaria "República del Paraguay" estábamos en la playa del centro naútico del balneario de Tarará. A unos metros de la orilla había una hilera de boyas que marcaban el límite para los que sabían nadar. Lo curioso era que allí estaba bastante profundo, incluso para aquellos que " sabían " nadar. Yo estaba gozando, como siempre hago cuando del mar se trata y viene a mi encuentro uno de mis compañeros de aula a decirme que Carlos se estaba ahogando. Èramos muchos niños en el agua y era muy dificl para el salvavidas de turno percatarse de un hecho fácilmente confundible con algún juego infantil. La gravedad de la noticia, la lejanía del salvavidas, el bullicio de todos nosotros harían un rescate seguro por parte del especialista en un posible caso de niño ahogado en la playa. Con conocimientos elementales de natación y una decisión de salvar a mi amiguito, nadé a su encuentro y luego de calmarle lo fui llevando haci...

Ahí estaba.....

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Siempres estuvo allí... De día no pasaba nada, era como los demás, el soporte de todo. Uno más de todo un contingente de semejantes que se disgregaban por todos los barrrios de mi ciudad, Altos, erectos, de apariencia oscura algunos o más clara otros, pero sobre todo, silenciosos. Nunca dijo, no podía hacerlo, una palabra, estaba inmóvil. Sin embargo en las noches, se transformaba. Mi imaginación le daba vida y cuando era la hora de irme a la barbacoa a dormir el acto de  cruzar de un lado a otro la abertura de la puerta que daba al balcón, se convertía en una verdadera odisea..... porque allí estaba...para atraparme con sus brazos enormes. Muchísimas veces corrí esa corta distancia para minimizar su chance a capturarme, hasta que un día me di cuenta que aunque estaba allí, no podía tocarme, porque un poste del tendido eléctrico no puede moverse, ni cobrar vida. Casi todos los niños de entonces temían "al hombre del saco" o al "Coco". Mi fuente de pánico e...

La decisión

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Sitio escogido: el lado izquierdo del balcón. Era mi lado poco visitado y para nada apegado a la nostalgía. Tenía 6 años y ya había pasado mucho más del tiempo medio para continuar con mi conducta. Mi padre,  se deshacía de cada uno de ellos cuando más los estaba disfrutando. Mi madre, como toda una prestidigitadora o más bien buena proveedora, se ocupaba de que no me faltase mi objeto de placer y disfrute(?). El asunto propició más de una airada discusión entre mis padres: " Que si está muy grande para eso" decía mi progenitor..." Déjalo que es un niño" me defendía mi madre. Dispuesto a terminar con aquellas disputas y  disfrutando de uno de ellos, le dije a mi madre que me cargara y me llevara al lado izquierdo del balcón. La decisión estaba tomada y la ejecuté sin siquiera mirar hacia donde cayó. En más de una oportunidad traté de que mi madre me procurara otro, pero siempre me dijo.." Tu mismo botastes el tete y dijistes que no lo chuparías más" ....