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Guara, mi infancia bucólica

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Realmente tengo pocos o ningún recuerdo asociado a la foto que ilustra este desvarío de mi memoria por los felices años de mi infancia, pero el pueblo al que pertenece ésta edificación marcó mi vida de una forma muy especial. De niño, Maceo, mi papá, me llevaba a lo que para mi era una aventura campestre y para él una jornada laboral en sus quehaceres como albañil, en este pueblito ubicado más allá de San Antonio de los Baños y después de otro de nombre poco recordado llamado La Ruda. Casi un kilómetro antes de la entrada al pueblo de Guara, vivian los guajiros más nobles y casi todos los son, que he conocido: José María y "Mamaíta", Zunilda y Orestes, Silvio y Silvia, Cheo y Zoe. Un pequeño caserío de unas 4 casas, más cuartones donde había de todo lo imaginable e imprescindible para las labores de campo. la granja llena de animales: caballos ( Veneno, la yegua negra de Cheo o Caramelo su otro caballo en el que cuando vi a mi padre montarlo y dominarlo a su antojo pens...

Tranvias en mi infancia

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                                                                              No hubo tranvias en mi infancia, pese a vivir justo delante del antiguo paradero de estos fascinantes transportes citadinos. Solo los rieles eran testigos mudos de un espectáculo que todo niño hubiese querido ver y disfrutar: el rodar bullicioso de estos corceles de metal por la ciudad..  El no haberlos visto de niño no me provoca nostalgia, aunque si y a ratos, sobre todos los sábados, evoco la magia de uno de esos días especiales en mi natal La Víbora, paradero final e inicio de mis tranvias nunca vistos. En el radio de casa sonaba la música de Vicentico Valdés, El Benny, La Orquesta Aragón.... El aire se permeaba de los olores de la ropa recien hervida y lista para ser tendida en la azotea; de los delici...

Al término de febrero....empecé

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Según me contó Yeya, como muchos nombran a mi madre; nací sobre las once de la noche de un febrero que casi tocaba a su fin en el año 1969.  De los subsiguientes febreros solo recuerdo mis fiestas de cumpleaños, que fueron en blanco y negro o al menos así las fotografías de la época me lo demuestran o quizás fue que la fotografía a color no era acequible para una familia de bajos ingresos como la nuestra: mami, auxiliar de cocina y papi albañil. De cualquier forma, al término de cada febrero celebrábamos el  comienzo de mis andanzas por el planeta Víbora, es decir, mi barrio capitalino de la más grande las A ntillas: Cuba, de donde como es obvio soy oriundo, aunque estas líneas se generen desde otra latitud muy bien diferente y 55 años después de haber nacido.