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Mostrando entradas de junio, 2016

Ya no tengo escuela

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No sé si fue la noticia en si o las conmovedoras imágenes de mi antigua escuela primaria, un antiguo convento, luego devenido en escuela de oficios y más tarde en escuela primaria; lo que me motivó a este escrito. Nombrada como Pedro María Rodríguez, situada en calle Carmen entre Cortina y Figueroa fue mi primera escuela desde pre-escolar hasta el comienzo de mi sexto grado de estudios cuando fuimos todos trasladados y reubicados en distintas escuelas del propio municipio donde residía. De ella lo recuerdo todo: su entrada magistral, con  doble accceso de esclareas, el vestíbulo inmenso, a la derecha la biblioteca, a la izquierda la oficina de la directora de quien prefiero no acordarme por su desagradable protagonismo en acciones contra mi madre. Al frente el patio, pero antes enormes pasillos  de la primera planta con acceso a las distintas aulas; recuerdo el teatro, el comedor y la cocina, donde trabajaba mi madre, la carpintería, el ascensor. Recuerdo el nombre de cada un...

Conspiración

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De las constantes travesuras en conjunto, disputas y enojos de hermanos, a veces, más bien con cierta frecuencia, pasábamos a dirimir nuestras diferencias e inconformidades a base de acciones físicas del uno contra el otro: arañazos, empujones, manotazos y demás..... La respuesta materna pasaba del castigo o penitencia a la reprimenda física con diferentes aditamentos: la chancleta plástica; que producía un escozor indescriptible cuando por la fuerza del golpe se estrellaba contra nuestros glúteos o parte trasera de las piernas, era uno de los más temidos.  El manotazo certero y seco, también era de temer. Pero las palmas se las llevaba , la vaina de un sable de juguete confeccionado en plástico duro y que era conocido como " el machetín colorao" por su color rojo. Reconozco que fue mi idea la de hacer desaparecer tan"siniestra" arma de castigo y penitencia, pero necesitaba un cómplice para tal acto. Mi hermana era la única candidata existente quien...

Servicio de habitaciones

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Bien temprano en la mañana, cuando el hambre me hacía interrumpir mi sueño y rodeado de la armazón de madera de mi cuna, ut ilizaba un bullicioso método para clamar por mi biberón de leche. Mamiiiiii la leche!!!!!  vocifera ba mi garganta in fantil de forma impaciente, mientras a unos metros de mi, se apresuraba mi madre por pro veerme de mi desayuno diario. Un tiempo después, subía Yeya , mi mamá como también se le conoce con el pomo de leche que  llegaba como una bendición y un calmante l uego del ayuno involuntario que presuponen más de ocho horas de sueño. Al tacto, entre tibio y caliente, era muy reconfor tante; el olor era un recordatorio de la vaca que proveía tan delicioso líquido, pero lo mejor de todo era el sabor: un verdadero r egalo al paladar: dulce no, dulcísimo...aunque nunca me detuve a pen sar, ni a preguntar( me) con qué lo endulzaba mi madre, sin con azúcar o leche condensada. Lo cierto, es que cada mañana de mi infancia, recibía, en lo que hoy...