El misterio de la faja
Cuando yo era niño, había cosas en casa que simplemente existían sin que nadie las cuestionara. Como el mantel de la mesa, la vieja radio en la sala o el ventilador que giraba con un zumbido constante. Y entre esas cosas estaba la faja de mi madre. No recuerdo la primera vez que la vi, pero sé que me llamaba la atención. No era una prenda común como las camisas o los vestidos que colgaban en el armario. La faja aparecía en momentos específicos, justo antes de que mi madre se vistiera para salir. Me parecía extraño cómo siempre la sacaba con cuidado, la extendía entre sus manos y luego, con movimientos que conocía de memoria, se la ponía antes de completar su atuendo. Yo no entendía del todo su propósito, pero sabía que era importante para ella. La veía ajustarla con seriedad, como quien sigue un ritual. A veces, mientras yo jugaba o estaba enredado en mis pensamientos, me llegaban sus palabras: “Así la ropa me queda mejor”. No cuestionaba lo que decía, pero la curiosidad sie...