Horario de verano
Es curioso, porque a pesar de este cambio que anuncia días más largos y una cercanía con el verano, el frío aún no se ha ido del todo. Pero el frío tiene solución: basta con abrigarse bien.
Lo que realmente cambia es la gente. El andar de las personas es distinto, más ligero, como si la luz les quitara un peso de encima. Se visten de otra manera, se comportan diferente.
Es como si la ciudad despertara de un largo letargo, dejando atrás la penumbra del invierno y abrazando con ansias la claridad. En esta época, Estocolmo brilla con una belleza especial.
Yo lo disfruto. Disfruto los días más largos, el sol que acaricia los edificios y tiñe el cielo con colores imposibles al atardecer.
Disfruto la sensación de que el tiempo se estira un poco más, como si el día me diera un regalo extra antes de fundirse con la noche. Es el momento ideal para estar más al aire libre, caminar, sentir el aire fresco en la piel y ver cómo el mundo cambia con la estación.
El verano está en camino. Claro, aquí “calor” es un concepto relativo, pero no importa. Es lo que hay. Y lo que hay, me gusta.








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