Venecia. Día 28, mes 2, año 56

 


Mi primera vez en Venecia durante el Carnaval – Febrero de 2025


Desde que vi imágenes sobre lo que allí acontecía, soñé con visitar Venecia, perderme en sus calles laberínticas y navegar por sus canales. Pero más que nada, soñaba con estar allí durante el Carnaval, cuando la ciudad se convierte en un escenario de ensueño, un desfile de máscaras y misterio. Finalmente, en febrero de 2025, ese deseo se hizo realidad.


Cuando bajé del tren en la estación de Santa Lucía, sentí que había entrado en otro mundo. El aire era frío pero no helado, con un ligero aroma a agua salada y a historia impregnada en cada piedra. Frente a mí, el Gran Canal se extendía como una arteria palpitante de góndolas y vaporettos, los palacios de colores desteñidos pasaban a mi lado como un cuento de hadas antiguo.


Pero lo mejor aún estaba por venir. Al llegar a la Plaza de San Marcos, mi corazón latió más rápido. La plaza estaba llena de gente disfrazada con trajes del siglo XVIII: damas con vestidos de seda y encajes, caballeros con chaquetas bordadas y sombreros de ala ancha. Y las máscaras… ¡oh, las máscaras! Algunas eran sencillas, blancas y misteriosas, mientras que otras estaban adornadas con plumas, piedras preciosas y detalles dorados que reflejaban la luz de las farolas.








Caminé sin rumbo fijo, dejándome llevar por la música de los violinistas callejeros y las risas de los visitantes. En cada esquina, había artistas callejeros: malabaristas, arlequines y músicos que parecían sacados de otra época. Me detuve en un pequeño puesto donde un anciano vendía máscaras artesanales. Me probé una dorada con detalles en negro y rojo, y cuando me miré en el espejo, sonreí. Por esa noche, no era solo un turista, sino un personaje más en esta obra teatral sin guion.


El punto culminante de la noche fue cuando los fuegos artificiales iluminaron el cielo sobre la laguna. Desde la orilla, observé cómo los colores se reflejaban en el agua, mientras las góndolas flotaban en la penumbra, como sombras elegantes. No podía creer que estuviera allí, viviendo ese momento que durante tantos años había imaginado.


Cuando finalmente regresamos , caminé lentamente, respirando cada instante, cada detalle, como si quisiera guardarlo para siempre en mi memoria. Venecia me había dado algo más que un simple viaje: me había permitido cumplir un sueño, y en su atmósfera mágica, había encontrado un pedazo de mí mismo que siempre había anhelado descubrir.

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