Arriba


 Vivo a 59.89 metros sobre el nivel del mar, en un séptimo piso. Acostado boca abajo, desde mi ventana se ve el bosque, una zona protegida. Disfruto cada vez que  veo el amanecer o el atardecer acá. Excepcionalmente. Los rayos del sol por la mañana acariciando las crestas de los árboles. Dibujando los edificios. Dándole vida a la mañana. Anunciando que hay un nuevo día que comienza. Lleno de oportunidades, de razones, de esperanza, de deseos, de incertidumbres también. El sol entra por una de las ventanas de mi cuarto. Se cuela en la sala de la casa y esparraba toda su luz en el apartamento. De tarde, la caricia de ese mismo sol me va recordando que se está acabando el día. Que dentro de poco serán 24 horas de disfrute y va tiñendo en su despedida el cielo y la vida de colores. Que van del amarillo al anaranjado, para después quedarse todo oscuro y llevándose consigo la sombra de todo lo malo.




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