La foto que nunca fue….



 


Estábamos en Mallorca, en pleno curso de Open Water con mi club, el Stockholm Diving Center. Yo, como Dive Control Specialist, asistía a los instructores y a los estudiantes en sus primeras incursiones en el azul. Nada fuera de lo común. Hasta que llegó aquel día.


Era ya de las últimas inmersiones del curso, cuando tocaba guiar a los estudiantes en aguas abiertas. Todo iba según lo previsto hasta que, en la playa, vi algo que me hizo detenerme un segundo. Un grupo de personas traía caballos. Caballos. Para bañarlos en el mar.


En mi cabeza, la escena se dibujó sola: la espuma del agua abrazando sus patas, la arena levantándose en un torbellino dorado, las crines flotando en la superficie como algas danzarinas. Y, por supuesto, yo debajo, capturándolo todo en una foto épica, de esas que luego se ven en exposiciones y la gente murmura: “¡Qué momento, qué belleza!”.










Sin pensarlo dos veces, tomé mi cámara. Verifiqué el equipo. Todo listo. Me lancé al agua con la emoción de un niño con juguete nuevo. Ajusté la flotabilidad, esperé el instante preciso y, cuando los caballos finalmente entraron al mar… click.


O más bien, no click.


Nada.


Intenté de nuevo.


Nada.


El mecanismo no reaccionaba. La cámara estaba sellada, el agua no podía haber entrado, pero por alguna razón que todavía me atormenta en noches de insomnio, el objetivo no se abría.


Ahí estaba yo, viendo pasar frente a mis ojos la imagen perfecta, la fotografía soñada, la portada de la National Geographic que nunca fue. Y mi cámara, un bloque inerte en mis manos.


Intenté mantener la calma, hacer algún ajuste. Nada. Mientras tanto, los caballos ya estaban en el agua, la arena ya había danzado, la escena sublime ya había transcurrido.


Cuando salí del agua, los caballos ya estaban de vuelta en la orilla. Respiré hondo, sintiendo una mezcla de frustración y resignación. Porque sí, había perdido la foto, pero no la experiencia. Y en el fondo, eso es lo que realmente importa en el buceo y en la vida.


Hay momentos que se capturan en una imagen. Y otros que simplemente se guardan en la memoria.


Este, definitivamente, fue uno de ellos.




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