¿ De dónde eres ?
Estábamos en la casa de S, la novia de T.
Era una casona en La Habana Vieja, en un segundo piso, amplia y antigua, con un largo balcón.
Éramos un grupo de chicos del Conjunto Folklórico Universitario que esperábamos a un grupo de alumnos procedentes de los Estados Unidos. Ellos recibirían clases de bailes afrocubanos, cantos y toques.
Yo estaba en el balcón, de espaldas a la calle, mirando hacia la sala vacía.
Los músicos ya estaban ahí, esperando. Faltaban pocos minutos para la hora acordada para la llegada de los alumnos.
Entonces, comenzaron a llegar varios jóvenes, todos hombres, todos de piel negra. Lo primero que me pasó por la cabeza fue: oh, llegaron los jineteros.
Antes que los americanos.
T.
De repente, apareció ella: S…
. Una joven de unos treinta años, de piel negra, alta, esbelta, elegante. Entró como quien pisa un escenario, con dominio de la escena y una seguridad absoluta. Más tarde supe que era cantante de jazz. Se presentó, y resultó que también era una de las alumnas, al igual que los chicos que habían llegado antes. Todos eran estadounidenses, pero por sus características físicas bien podían pasar por cubanos.
Hasta ahí, la primera anécdota interesante.
Durante el curso hicimos buenas migas con los norteamericanos. Entre ellos había también una chica pianista y otra que conocí después, flautista.
Pues bien, un día caminábamos por La Habana Vieja: los tres jóvenes estadounidenses de piel negra, la cantante y yo. Íbamos conversando en inglés, pues ellos no hablaban español, y yo, con mis conocimientos del idioma, podía comunicarme con ellos sin problema. En La Habana Vieja abundan los chicos que se dedican al comercio con los extranjeros, los conocidos como jineteros, que ofrecen cigarros, tabacos, ron y toda suerte de productos.
Por alguna razón que aún no comprendo, fueron ellos quienes se me acercaron a mí y me preguntaron en inglés:
—Where do you come from?
Sonreí, los miré con picardía y respondí:
—I come from La Víbora.
Me miraron sorprendidos y exclamaron:
—¡Nosotros pensamos que tú eras un yuma también!
Nos reímos. Fue un momento realmente interesante. Muy gracioso.












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