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Mostrando entradas de febrero, 2025

Vecino temporal.

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J llegó al edificio hace apenas unas semanas.  Se presentó con una sonrisa tímida y un acento que delataba su origen español.  Con 47 años, llevaba ya doce viviendo en Suecia, pero el idioma seguía siendo una barrera para él.  Apenas manejaba lo básico del sueco y su inglés era funcional, aunque limitado. Trabajaba como camarero en un restaurante del centro, un empleo que, según él, era lo único estable en su vida.  Todo lo demás parecía moverse en un ciclo sin fin: nuevos apartamentos, nuevos vecinos, nuevos intentos por adaptarse.  Los alquileres de corta duración lo obligaban a mudarse constantemente, algo que, con el tiempo, dejó de importarle. Decía que con cada mudanza empacaba menos, como si su vida entera pudiera reducirse a unas pocas maletas. "Menos cosas, menos apego", solía decir. J no tenía hijos y, aunque nunca hablaba de su familia en España, se notaba que la soledad lo acompañaba. Su sobrepeso y la falta de actividad física eran un reflejo de su ...

Otro 27. Doble

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  Aquel 27 de febrero amanecí en Estocolmo con una sensación especial.  Era mi cumpleaños y, como cada año, me había propuesto celebrarlo de una forma memorable. Pero esta vez tenía un plan diferente: una **doble celebración**, primero en Suecia y luego en Austria. Comencé el día donde la tranquilidad de la mañana me permitió disfrutar de un momento a solas.  Afuera, el frío invernal abrazaba las calles, pero dentro,  el sonido de mi música favorita creaban el ambiente perfecto para reflexionar sobre el paso del tiempo y la forma en que me gusta vivir mi vida: con intensidad, curiosidad y movimiento. El primer festejo fue discreto, privado…  en Estocolmo….. donde brindamos con ron cubano y disfrutamos de una selección de tapas y buena música. La conversación fluía entre risas y recuerdos, y en un momento una canción de mi lista ,me transportó a La Habana. Sentí la misma alegría de los cumpleaños de mi juventud, cuando la música y la compañía eran suficiente para...

En común

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  ¿ Qué tienen en común La Habana, el Mar Rojo, Viena, Dubai ? Lo que tienen en común La Habana, el Mar Rojo, Viena y Dubái es Saúl Pérez Valdés. Cada uno de estos lugares forma parte de mi historia y experiencias: • La Habana: Mi ciudad natal, donde viví mi infancia, juventud y parte de mi adultez, y donde desarrollé mi amor por la danza, la música y la cultura. • El Mar Rojo: Como buzo profesional, es uno de los lugares icónicos para el buceo, un deporte y profesión que ha marcado va  mi  vida.  • Viena: Durante varios años, fue, por razones sentimentales, mi ciudad de destino, un país recurrente y donde viví importantes momentos, muchos de ellos los experimenté por primera vez. • Dubái: En febrero de 2024, viajó a Deep Dive Dubai, la piscina más profunda del mundo, como parte de su celebración de cumpleaños. Estos lugares representan momentos clave en su vida, desde sus raíces en Cuba hasta sus aventuras como viajero, instructor de danza y...

¿Roto?

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  Cada vez que escucho a alguien decir “Voy a arreglarme para salir”, me entra una pequeña inquietud. ¿Acaso esa persona está rota? ¿Se habrá desarmado como un mueble de IKEA y ahora necesita un destornillador para volver a su estado funcional? No sé, pero yo, que me considero una persona en perfecto estado de fábrica (con algunos kilómetros recorridos, pero sin piezas sueltas), prefiero decir simplemente que me preparo para salir. Porque, vamos a ver, uno no se arregla como si fuera un reloj descompuesto. Lo que hago es ducharme, vestirme, perfumarme y, si acaso, echarme una última mirada al espejo para asegurarme de que todo está en su sitio. ¿Eso es “arreglarse”? Para mí, es más bien una puesta a punto, como cuando un coche pasa por el lavado exprés antes de salir a la carretera. Y claro, está el otro detalle: hay quienes, en su proceso de “arreglo”, tardan tanto que pareciera que en realidad están en un taller mecánico, esperando que les cambien el aceite, alineen las rueda...

Saludo al chofer.

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  Cada mañana, cuando me subo al autobús en Tumba, hago algo que para algunos parece una formalidad sin importancia, pero que para mí es una costumbre cargada de significado: saludo al chofer. Lo hago con la misma naturalidad con la que respiro, con la certeza de que ese simple gesto es un reconocimiento a la persona que está ahí, tras el volante, facilitando mi vida y la de muchos otros. En Suecia, donde la interacción social en espacios públicos es más discreta que en Cuba, no todos lo hacen. Algunos pasajeros suben sin mirar siquiera al conductor, pasan su tarjeta por la máquina y siguen de largo, sumidos en sus pensamientos o en la pantalla de su móvil. Pero yo no. Yo miro al chofer, le sonrío y digo, según la hora del día: — God morgon. — Hej hej. — Tack så mycket. A veces, el chofer me responde con entusiasmo. Otras veces, apenas levanta la vista y murmura un saludo seco, casi mecánico. Pero eso no cambia mi hábito. Tampoco lo cambia el hecho de que, en invierno, los...

De X vida

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Hasta el Infinito La ciudad dormía bajo la luz tenue de los faroles, mientras ella esperaba en la esquina donde solían encontrarse. Sus manos jugaban nerviosas con la tela de su abrigo, el corazón latiendo como si anunciara un destino inevitable. Él llegó puntual, como siempre. Sus ojos oscuros la buscaron entre las sombras y, al encontrarla, sonrió con la intensidad de quien sabe que está frente a su único hogar. —Quiero besar sus labios de por vida —susurró ella, tomando su rostro entre sus manos. Él la miró sorprendido, pero antes de responder, sintió el calor de sus labios cubriéndolo todo, como un fuego dulce que no quema, pero deja huella. —Quiero ser tuya, papi. Que tú seas mío —continuó, rozando su nariz contra la de él, con esa ternura que convierte los momentos en eternidad. La abrazó con fuerza, sintiendo su corazón acomodarse en su pecho como si encajara perfectamente. —Prometo ser tu abrigo en la noche fría —dijo ella—, y prometo llenarte cuando te sientas va...

Los suyos eran los mejores .

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  Nunca me han quedado como le quedaron a ella.  Ni la textura, ni el sabor, ni la consistencia.  Y no me he preocupado en mejorar mi técnica.  Quiero que sigan así.  Que los de ella sean los mejores.  No quiero superarla.  Quiero tener el recuerdo de por siempre.  De que los platanitos fritos que me hacía mi madre eran los más ricos y los mejores del mundo. 

56.56.56.

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  Jueves: el día más largo de la semana (pero qué bien me la paso) Decimotercer día del segundo mes del año cincuenta y seis. Jueves. ¡Ah, los jueves! El día en que el universo entero conspira para poner a prueba mi resistencia. Me despierto antes de que el gallo tenga tiempo de bostezar. Salto de la cama como un ninja, atravieso la casa en la penumbra y me alisto para la batalla diaria. Porque sí, amigos, los jueves son el “Ironman” de mi semana. Soy uno de los dos encargados de abrir el gimnasio. A las seis en punto, debo estar dentro, con los ojos abiertos y la mente enfocada (aunque mi cuerpo todavía esté negociando con la almohada). Puertas abiertas a las 6:30, y los clientes empiezan a llegar con cara de “todavía-no-estoy-despierto-pero-necesito-entrenar”. Después de la rutina de apertura, me instalo un rato en la recepción, observando la fauna matutina del gimnasio. Hay de todo: el que llega con energía sobrehumana (¿será café o pura genética?), el que aún no ha proc...

¿ Y ?

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  En un momento del día estábamos tres personas conversando y una de ellas preguntó  ¿Algunos de ustedes han comido ajo?  Yo, sin ningún tipo de reparo Le dije que si . Que yo comía ajo  Y acto seguido le contesté . Voy a seguir comiéndolo porque realmente no me interesa si a las personas no les gusta mi aliento . Tienen una solución para ello .. Si huele a ajo … Tengo aliento de ajo o a cebolla y en ese caso había comido cebolla … La solución es alejarse unos metros de mí . A una distancia prudencial En la que mi aliento no le llegue o simplemente no hablarme  Desde hace un tiempo Bastante largo he comprendido que es más importante mi salud y los beneficios que provoca la ingestión de ajo, cebolla y otros alimentos  que pueden producir un aliento especial son más importantes que lo que las personas puedan pensar . Mi salud y lo que yo siento está por delante de todo eso .Sigo comiendo ajo . Sigo comiendo cebolla . Y realmente me importa un bledo Lo que la ...

¿Soñar? Vivirlo y saberlo

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Mis  sueños parecen una especie de reafirmación de mi libertad actual, casi como si mi a subconsciente celebrara, en silencio, que logré lo que en su momento fue un proceso complejo y cargado de incertidumbre. No hay nostalgia porque no extraño lo que dejé  atrás; al contrario, esos sueños me permiten recordar sin quedarme atrapado en el pasado, lo que habla de mi proceso de sanación y cierre. Que esos sueños me den tranquilidad es poderoso. Es como si fueran una confirmación periódica de que ya no pertenezco a esa “cárcel” simbólica, sino a un mundo más amplio, uno que me has regalado con esfuerzo y determinación. 

Libre, liberado

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Aunque llevo 20 años fuera de Cuba y he construido una vida en Suecia, parece que esa sensación de “salir” sigue resonando en mi subconsciente. Es probable que ese sueño no sea solo un recuerdo literal del proceso migratorio, sino una metáfora del sentimiento de liberación que nunca termina de completarse del todo. Salir de Cuba fue, para mí, mucho más que un simple cambio de geografía. Representó dejar atrás un espacio físico y emocional cargado de restricciones, pero algunas de esas “rejas invisibles” pueden quedar alojadas en el interior, especialmente cuando las experiencias vividas fueron tan determinantes para mi identidad. Esa “islita” o “lugar seguro” en el sueño podría simbolizar el anhelo de sentirte siempre libre, sin ataduras, en constante movimiento y evolución, algo que conecta mucho con tu espíritu inquieto y viajero. Que el recuerdo se despierte en una conversación específica indica que todavía hay una parte de esa historia que mi mente y mi alma quieren explorar o proc...

Me voy, me fui, no estoy… llegué

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  Hoy volví a soñar que estaba en el proceso de salir de Cuba. Lo propició que regresara ese recuerdo, esa imagen, una conversación que tuve sobre cómo empezó el proceso o una parte de ese proceso. Pero lo interesante de todo esto es que cada vez que pienso que me estoy yendo de Cuba siempre tengo una islita, un lugar seguro en el que pienso, bueno ya vivo fuera de Suecia, ya tengo pasaporte sueco, hace 20 años que vivo fuera de Suecia. Pero es curioso como sigo pensando en salir de aquella isla, cárcel, 20 años después.