Me río.
La risa, remedio contra todo
Siempre me he reído mucho. Y cuando digo mucho, quiero decir que a veces hasta yo mismo me sorprendo de cuánto me río. No importa dónde esté ni con quién, la risa siempre encuentra la manera de colarse en mi día. Y claro, la gente a mi alrededor lo nota. “Saúl, tú siempre te estás riendo”, me dicen algunos con curiosidad, otros con envidia y otros, simplemente, con resignación.
Pero, ¿por qué me río tanto? Bueno, te contaré una historia.
Desde niño, crecí rodeado de gente con un sentido del humor afilado como machete en monte. Mi madre, sin ir más lejos, tenía la capacidad de encontrarle la gracia a cualquier situación, incluso a las más complicadas.
Yo creo que de ahí viene mi risa fácil.
Desde entonces, he encontrado la risa en todas partes. En un amigo que se equivoca contando un chiste pero lo dice con tanta seguridad que se vuelve más gracioso que el chiste original. En los tropiezos de la vida (y los literales también, porque más de una vez me he reído primero antes de ayudar a alguien a levantarse). En esas situaciones absurdas que solo pasan en los transportes públicos de cualquier ciudad del mundo.
Claro, hay quienes me miran raro, como si reír tanto fuera un pecado o un signo de inmadurez. Pero yo lo veo al revés: la risa es mi superpoder, mi armadura contra el mal humor ajeno, mi medicina diaria contra la monotonía.
Así que sí, me río mucho. Y no me pienso detener. Porque si hay algo que he aprendido es que la risa es el mejor remedio para todo, y lo mejor de todo es que no tiene efectos secundarios. Bueno, salvo algún dolor de barriga si te ríes demasiado fuerte… pero eso, créeme, es un precio que siempre estoy dispuesto a pagar.





Comentarios
Publicar un comentario