Recuerdos de un 27 de febrero.
Buceo en Gordon Reef – Una Inmersión en el Mar Rojo
El sol de la mañana iluminaba las aguas cristalinas del Mar Rojo cuando nos lanzamos al agua en Gordon Reef, una de las joyas del Estrecho de Tirán. Era el 27 de febrero de 2017, y el reloj marcaba las 10:00 AM cuando hice la señal de “ok” a mi compañero y comenzamos el descenso.
Mi computadora de buceo registraba 200 bar en mi tanque, suficiente para explorar con calma. El agua estaba a unos 24-25 grados, agradable, lo suficientemente cálida para disfrutar sin preocuparme por el frío. Bajamos con una visibilidad espectacular, típica de esta región, con más de 30 metros de claridad.
A medida que descendíamos, la vida marina comenzó a revelarse. A los 5 metros, pequeños bancos de peces mariposa se deslizaban a nuestro alrededor, como si fueran guiándonos hacia el arrecife.
Seguimos descendiendo con control, hasta alcanzar los 17 metros, la profundidad máxima de la inmersión. Desde ahí, el espectáculo se desplegó en todo su esplendor.
Gordon Reef es conocido por sus corales duros y blandos, con estructuras imponentes que forman túneles y pequeños cañones. Entre los corales cuerno de ciervo y las gorgonias abanico, una sombra llamó mi atención. Un tiburón punta blanca de arrecife patrullaba la zona, moviéndose con su elegancia natural, como un guardián del fondo marino. Mantuve la distancia, sabiendo que esta especie es curiosa pero inofensiva si se le respeta.
Mientras avanzábamos, una nube plateada de barracudas flotaba inmóvil en la corriente, como suspendidas en el tiempo.
A su lado, los inquietos peces ballesta parecían vigilar su territorio. Más adelante, observé un napoleón, majestuoso en su nado pausado, con esos colores verdosos y azulados que lo hacen inconfundible.
El tiempo bajo el agua transcurrió rápido. Miré mi manómetro: ya había consumido 140 bar, quedando con 60 bar en mi tanque. Era la señal de que debíamos comenzar el ascenso. Hicimos nuestra parada de seguridad a los 5 metros, disfrutando de los últimos instantes rodeados de bancos de peces cirujano y pargos rojos.
A los 45 minutos de inmersión, emergimos a la superficie. Exhalé profundamente y floté un momento, dejando que el sol calentara mi rostro. Otra inmersión más en mi bitácora, otro día en el azul infinito del Mar Rojo. Gordon Reef no decepciona.







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