De X vida

Hasta el Infinito



La ciudad dormía bajo la luz tenue de los faroles, mientras ella esperaba en la esquina donde solían encontrarse. Sus manos jugaban nerviosas con la tela de su abrigo, el corazón latiendo como si anunciara un destino inevitable.





Él llegó puntual, como siempre. Sus ojos oscuros la buscaron entre las sombras y, al encontrarla, sonrió con la intensidad de quien sabe que está frente a su único hogar.


—Quiero besar sus labios de por vida —susurró ella, tomando su rostro entre sus manos.


Él la miró sorprendido, pero antes de responder, sintió el calor de sus labios cubriéndolo todo, como un fuego dulce que no quema, pero deja huella.


—Quiero ser tuya, papi. Que tú seas mío —continuó, rozando su nariz contra la de él, con esa ternura que convierte los momentos en eternidad.



La abrazó con fuerza, sintiendo su corazón acomodarse en su pecho como si encajara perfectamente.


—Prometo ser tu abrigo en la noche fría —dijo ella—, y prometo llenarte cuando te sientas vacío.


Él cerró los ojos. No había más mundo allá afuera, solo ella y la certeza de que, pase lo que pase, nunca volvería a estar solo.


Ella tomó su mano y la llevó hasta su pecho.


—Estoy para ser de tu boca mi lugar favorito, sin dudas.


El tiempo se detuvo. No había prisa, no había dudas.


—Si me vas a llevar, llévame —susurró ella—, pero que sea hasta el infinito.


Y así, bajo la luz de los faroles, con un beso que desafiaba el tiempo, empezaron su viaje sin final.



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