56.56.56.
Jueves: el día más largo de la semana (pero qué bien me la paso)
Decimotercer día del segundo mes del año cincuenta y seis. Jueves. ¡Ah, los jueves! El día en que el universo entero conspira para poner a prueba mi resistencia.
Me despierto antes de que el gallo tenga tiempo de bostezar. Salto de la cama como un ninja, atravieso la casa en la penumbra y me alisto para la batalla diaria. Porque sí, amigos, los jueves son el “Ironman” de mi semana.
Soy uno de los dos encargados de abrir el gimnasio. A las seis en punto, debo estar dentro, con los ojos abiertos y la mente enfocada (aunque mi cuerpo todavía esté negociando con la almohada). Puertas abiertas a las 6:30, y los clientes empiezan a llegar con cara de “todavía-no-estoy-despierto-pero-necesito-entrenar”.
Después de la rutina de apertura, me instalo un rato en la recepción, observando la fauna matutina del gimnasio. Hay de todo: el que llega con energía sobrehumana (¿será café o pura genética?), el que aún no ha procesado que está ahí, y el que solo viene a socializar con las pesas sin tocarlas.
Luego, arranca la acción real. Primera parada: clase de Zumba. Música, ritmo y un ejército de alumnos dispuestos a sudar conmigo. Termino la sesión y apenas tengo tiempo de recuperar el aliento antes de saltar a la siguiente: vattengympa ( gimnasia en el agua ). Un cambio de chip rápido, porque aquí la dinámica es diferente, pero la intensidad sigue alta.
Después de eso, mi espacio sagrado: donde me dedico a mi entrenamiento de apnea. Hoy fue día de monofin y apnea sin aletas. Me sumerjo en la piscina, me deslizo como si el agua y yo fuéramos uno solo… hasta que el aire empieza a cobrarme la cuenta y regreso a la superficie con cara de “esto estuvo brutal”.
Tengo un pequeño respiro en el que me dedico a hacer horarios y cuadrar el día, y luego, cuando el sol ya decidió que es hora de irse a dormir, llega la última etapa de mi jornada: el Club de Buceo. Esta vez, sesión de refresco, un Scuba Skills Update. Repasamos técnicas, ajustamos equipos, nos aseguramos de que todo esté en orden. El agua de la piscina ya no está tan cálida como en la mañana, pero el entusiasmo lo compensa.
Cuando todo termina, llega el último reto: devolver los equipos a su sitio, cerrar el centro de buceo y regresar a casa. A estas alturas, mis piernas ya están negociando un acuerdo de paz con mi cuerpo, y mis párpados pesan más que el equipo de buceo.
A las 11:45 de la noche, finalmente llego a casa. Exhausto, sí, pero con una sonrisa de satisfacción. Porque hoy hice lo que amo: entrenar, bailar, escuchar música, desafiar los límites en la apnea y sumergirme en el mundo del buceo.
Bendecidos sean los jueves, el día más largo de la semana. Y si me preguntan si lo cambiaría… la respuesta es un rotundo NO.







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