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Mostrando entradas de enero, 2026

De cuello y corbata

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                    Se viaja cómodo, eso lo aprendí después. También la experiencia me aconsejó —con el tiempo— revisar el clima del país al que viajaría, teniendo en cuenta la época del año. Pero aquel era mi primer viaje fuera de Cuba. Nos habían dado la oportunidad —posibilidad, privilegio— de comprar en la tienda internacional, un lugar al que el ciudadano común, el de a pie (igual que yo), no tenía ninguna posibilidad ni permiso de entrar. La tienda, situada en una calle céntrica del municipio de Centro Habana, tenía las vitrinas cubiertas para que nadie viera lo que allí se ofertaba a los privilegiados. Ellos… y hasta esa única oportunidad, yo, formábamos parte de los discriminados. Así las cosas, fui a la tienda y compré ropa para el viaje: un traje gris, corbata y zapatos grises. Con ese atuendo me fui al aeropuerto, y vestidos de manera similar iba la gran mayoría de los integrantes del Conjunto Folclórico Universit...

El caballero de la salsa.

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Era un día especial, aunque entonces no sabía cuán especial iba a ser en realidad. Estocolmo seguía su ritmo contenido, ordenado, casi silencioso, y yo me dirigía a un concierto de música bailable caribeña como quien entra en una pequeña grieta del tiempo. Iba a ver a Gilberto Santa Rosa, uno de mis cantantes favoritos, en una ciudad donde la salsa no suele ser protagonista. El lugar no prometía épica. Una sala multipropósito, sobria, funcional, ubicada en el área del Karolinska Institute. Nada de teatros históricos ni escenarios majestuosos. Sin embargo, desde el primer acorde quedó claro que aquel espacio, tan neutro en apariencia, escondía una virtud inesperada: una acústica impecable, generosa, casi cómplice. Los músicos salieron al escenario vestidos de traje, con esa elegancia clásica que no necesita explicación. Gilberto, como es su costumbre, también llevaba traje: impecable, sereno, dueño de sí mismo. No había artificio, no había exceso visual. Todo estaba puesto al servi...

Almuerzo de lujo.

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Hora de almuerzo. En la mochila , ropa deportiva a base de pantalones cortos, ropa de baño, rash guard, gafas para el sol…. En un recipiente algo de pasta y alguna proteína, un termo con agua bien fría . Salgo del apartamento, bajo por las escaleras que conducen al patio trasero del conjunto de edificios, de ahí a la calle. A unos doscientos metros está el Canal Karlberg…. Cruzo el puente y ya del otro lado me dirijo a Point 65 ° donde guardo mi kayak. Más de 10 años y algunas aventuras náuticas compartidas juntos. Mi Picnic, surca las aguas del lago Mälaren y 14 minutos después desembarco en Treneberg….. La playa está casi desierta. Un par de bañistas tomando el sol. Yo, despliego un mantel y dispongo todo lo que traje para, con vista al lago tener un almuerzo de lujo. El silencio solo lo rompe el roce suave del agua contra la orilla y algún que otro graznido lejano. Me quito las zapatillas, dejo que los pies toquen la arena todavía fresca y respiro hondo. Hay algo ceremonial...

Guarapo, Miami

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  Miami se me presentó en todo su esplendor y enormidad: súper avenidas, edificios muy altos y modernos. El South Beach, Kendall…. La Pequeña Habana era un lugar casi obligatorio para ir a visitar….. calle con el nombre de la cantante Olga Guillot…. Lo que más recuerdo fueron: una cafetería donde ordené un pan con bistec y un guarapo frio que por obra y gracia de Dios sabor , tuve que beber otro, un mercadito donde tenían ají cachucha y el vendedor me regaló dos …. Encuentro con un vecino, ex compañeros de estudios jurídicos y con un antiguo cliente… Miami visité dos veces, intercalando una estancia en Jamaica. Vida nocturna: Club Mambo, donde me confundieron con una celebridad y me pidieron que me hiciera fotos con ellos. Restaurante The Knife, al que acudió mi amigo de la juventud y celebridad artística Boncó Quiñongo… Crea una historia narrada en primera persona que recoja lo anterior. Utiliza un tono coloquial y descriptivo para describir la ciudad de Miami

Doble de acción…..

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Estaba con un grupo de amistades, haciendo una excursión por el bosque. Era uno de esos días en que el silencio entre los árboles pesa más que las palabras, y el aire frío te despeja la cabeza. Caminábamos sin prisa, cuando de pronto sonó mi teléfono celular. Miré la pantalla: un número desconocido. Al contestar, una voz segura, con acento extranjero, fue directo al grano. Era un realizador de cine que me estaba buscando desde hacía un tiempo. Me explicó que estaba trabajando en una película y que necesitaba a alguien para participar como extra de acción, casi un doble, por una escena específica. El trabajo no era complicado, pero sí exigente: consistía en tirarse a una piscina y nadar bajo el agua unos 10 o 15 metros, en una toma continua. Nada de trucos digitales. Todo debía hacerse de forma real. Sonreí sin que él pudiera verme; el agua nunca ha sido un problema para mí. Hablamos de lo esencial: el pago, las condiciones, la seguridad. Todo quedó claro desde el inicio. Despu...

Deporte televisado

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  Siempre me ha gustado ver deportes por la televisión. No como una religión ni como un acto solemne, sino como quien se sienta a compartir una historia que ya conoce, pero igual le entretiene. En la isla grande de las Antillas, los domingos tenían otro ritmo, otro olor, otro sonido. Sobre todo si jugaban los Industriales. Ese día el reloj parecía acomodarse al calendario del béisbol y no al revés. Podía adelantar diligencias, posponer encuentros, incluso negociar conmigo mismo cualquier otra actividad. Pero si no había nada verdaderamente importante que hacer, entonces el plan estaba claro: béisbol. El resto podía esperar. Me sentaba, miraba el juego y dejaba que las entradas pasaran como quien ve caer la tarde desde un portal. A veces ganábamos, otras veces no… y curiosamente eso nunca fue un drama. Nada de fanatismos, ni gritos desaforados al televisor. Ganar alegraba, perder enseñaba paciencia. Así de simple. Con el tiempo, la vida me mudó de latitud y también de costumbres...

Seguimos ….

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Un año después, el proceso de reacondicionamiento de mi apartamento continúa. Descubro espacio. Descubro posibilidades. Descubro soluciones. Desecho objetos que ya cumplieron su función social —y también personal— y que ahora deben ceder su lugar a otras opciones, a otras presencias más acordes con este momento. Surgen matices. Llegan nuevos colores, nuevas formas, nuevos objetos. Todo se acomoda, no solo en el espacio físico, sino también en mí. Poco a poco, mi apartamento se reafirma como lo que siempre quise que fuera: un remanso de paz, cada vez más confortable, cada vez más agradable.