De cuello y corbata
Se viaja cómodo, eso lo aprendí después.
También la experiencia me aconsejó —con el tiempo— revisar el clima del país al que viajaría, teniendo en cuenta la época del año.
Pero aquel era mi primer viaje fuera de Cuba.
Nos habían dado la oportunidad —posibilidad, privilegio— de comprar en la tienda internacional, un lugar al que el ciudadano común, el de a pie (igual que yo), no tenía ninguna posibilidad ni permiso de entrar.
La tienda, situada en una calle céntrica del municipio de Centro Habana, tenía las vitrinas cubiertas para que nadie viera lo que allí se ofertaba a los privilegiados.
Ellos… y hasta esa única oportunidad, yo, formábamos parte de los discriminados.
Así las cosas, fui a la tienda y compré ropa para el viaje:
un traje gris, corbata y zapatos grises.
Con ese atuendo me fui al aeropuerto, y vestidos de manera similar iba la gran mayoría de los integrantes del Conjunto Folclórico Universitario.
Íbamos de traje, cuello y corbata, porque íbamos representando a bla, bla, bla…
Cuando el avión aterrizó en Managua y se nos permitió bajar, la oleada de calor fue chocante.
La temperatura era de 40 grados Celsius.
Uffff… qué calor.

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