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Mostrando entradas de 2016

Fígaro...

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El último.... fue el primero...con quien más conversé, debido a la madurez que como persona tuve en nuestros encuentros antes de mudarme de barrio, ciudad, país, hemisferio, costumbres y sobre todo antes  de dejar de visitar a mi barbero. Los nombres, León, Joaquín, Francisco y mis dos favoritos: una chica hermosa que nunca supe su nombre, pero que me cortaba el pelo de maravillas y que me hacía suspirar de pasión y Pepito...este último todo un personaje. Visitarle era toda una jornada dedicada a perder el tiempo: entraba y salía de su casa donde tenía su sillón de barbero; cada entrada a casa formaba parte de su ritual etílico, pues bebía alcohol mientras trabajaba, pero era muy habilidoso, nunca me cortó el pelo mal y sobre todo me hacía reir. Ir a verle me costaba como 4 horas de mi tiempo, En una barbería como la de la foto de la izquierda comencé a tener conciencia del acto viril de ir a la barbería. Para ese entonces ya me estaba haciendo "hombrecito" : iba solo, pa...

A empinar......

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La azotea de casa estaba a unos 20 metros de altura de la calle; en 360 grados no había interferencia visible y siempre soplaba el viento generoso para uno de los juegos infantiles más llamativos y quizás más dificiles: empinar el papalote. Mi padre ya los traía confeccionados con varillas finas de madera o de caña brava ( bambú) y la cubierta era con "papel de china" con algun motivo decorativo. Siempre fue un desafío el levantar aquel juguete volador desde el suelo al cielo y luego jugar con él alla arriba, haciendo chapeos, cambiando o hasta luchando con otro papalote, para lo cual se le ponían crucetas con cuchillas en la cola y algallatas ( ganchos) para entarabillar el papaplote de tu contrincante. En orden de complejidad estaban: EL coronel, de enormes dimensiones y mi asignatura pendiente; el papalote y el papaguapo en igual rango y luego la chiringa; versión modestísima de algo a empinar.....

El que no sabe nadar......

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Ciso era su nombre. Amigo de la familia, soldador de profesión, pachanguero, bebedor, pero fue quien me inició en los asuntos marítimos que cuatro décadas después me siguen uniendo al 70% de la superficie planetaria. Fue en la playa de Santa María del Mar, donde aprendí a querer al mar, respetarle y a estar en armonía con él. La lección fue, si no pedagógica, según las exigencias actuales, si fue lo suficiente efectiva como para darme todos los recursos necesarios para moverme en el mar con seguridad y destreza. Fue un lujazo que mi hija no tendra aunque  asiste a una piscina bajo techo, con el agua a 29 grados celsius y una instructora certificada en la enseñanza de la natación. El mar de la mayor de las Antillas, el sol calentando y brillando, el olor del mar, la arena fina bajo tus pies, el agua salada y el mejor de los maestros. Ese día de verano llegué a la playa sin saber. Al regreso era el niño que ya sabe nadar. Gracias Ciso!

Heroe por un día

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Dia soleado, caluroso. Los alumnos de la escuela primaria "República del Paraguay" estábamos en la playa del centro naútico del balneario de Tarará. A unos metros de la orilla había una hilera de boyas que marcaban el límite para los que sabían nadar. Lo curioso era que allí estaba bastante profundo, incluso para aquellos que " sabían " nadar. Yo estaba gozando, como siempre hago cuando del mar se trata y viene a mi encuentro uno de mis compañeros de aula a decirme que Carlos se estaba ahogando. Èramos muchos niños en el agua y era muy dificl para el salvavidas de turno percatarse de un hecho fácilmente confundible con algún juego infantil. La gravedad de la noticia, la lejanía del salvavidas, el bullicio de todos nosotros harían un rescate seguro por parte del especialista en un posible caso de niño ahogado en la playa. Con conocimientos elementales de natación y una decisión de salvar a mi amiguito, nadé a su encuentro y luego de calmarle lo fui llevando haci...

Ahí estaba.....

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Siempres estuvo allí... De día no pasaba nada, era como los demás, el soporte de todo. Uno más de todo un contingente de semejantes que se disgregaban por todos los barrrios de mi ciudad, Altos, erectos, de apariencia oscura algunos o más clara otros, pero sobre todo, silenciosos. Nunca dijo, no podía hacerlo, una palabra, estaba inmóvil. Sin embargo en las noches, se transformaba. Mi imaginación le daba vida y cuando era la hora de irme a la barbacoa a dormir el acto de  cruzar de un lado a otro la abertura de la puerta que daba al balcón, se convertía en una verdadera odisea..... porque allí estaba...para atraparme con sus brazos enormes. Muchísimas veces corrí esa corta distancia para minimizar su chance a capturarme, hasta que un día me di cuenta que aunque estaba allí, no podía tocarme, porque un poste del tendido eléctrico no puede moverse, ni cobrar vida. Casi todos los niños de entonces temían "al hombre del saco" o al "Coco". Mi fuente de pánico e...

La decisión

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Sitio escogido: el lado izquierdo del balcón. Era mi lado poco visitado y para nada apegado a la nostalgía. Tenía 6 años y ya había pasado mucho más del tiempo medio para continuar con mi conducta. Mi padre,  se deshacía de cada uno de ellos cuando más los estaba disfrutando. Mi madre, como toda una prestidigitadora o más bien buena proveedora, se ocupaba de que no me faltase mi objeto de placer y disfrute(?). El asunto propició más de una airada discusión entre mis padres: " Que si está muy grande para eso" decía mi progenitor..." Déjalo que es un niño" me defendía mi madre. Dispuesto a terminar con aquellas disputas y  disfrutando de uno de ellos, le dije a mi madre que me cargara y me llevara al lado izquierdo del balcón. La decisión estaba tomada y la ejecuté sin siquiera mirar hacia donde cayó. En más de una oportunidad traté de que mi madre me procurara otro, pero siempre me dijo.." Tu mismo botastes el tete y dijistes que no lo chuparías más" ....

El balcón

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Solía sentarme a la derecha, desde allí dominaba todo lo que se movía y escuchaba en esa parte de la calle, Era pequeño, baranda de madera oscura, enrejado y con una chapa de metal , el piso con losas de color rojo vino, a la izquierda estaba la tinaja. Por esa parte solo me sentaba o acercaba en ocasiones especiales, como el dia de "La decisión ". Más de una veintena de similares puestos de observación se alineaban a la misma altura y a lo largo del edificio marcado con el No. 1353 de la Calzada de Diez de Octubre. El sonido de mi barrio me fascinaba, el movimiento de vehículos y personas me avivaba la imaginación infantil. Del otro lado de la calle: El Gran Cinema, el cine de mi infancia, donde disfruté de "El Zorro" con Alain Delón o "El Tulipán Negro", "El jinete sin cabeza"....situado en la esquina de la izquierda, que luego devino en dependencia del Circo Nacional de Cuba, a su lado una óptica que fue transformada en oficinas; la tienda  ...

Personajes.....

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Todo barrio, ciudad, país e incluso hasta los hay que trascienden el ámbito nacional; tienen personas, que por su forma de ser o comportarse son pintorescos, atractivos, graciosos, dignos de lástima o despreciables. Los de mi barrio eran de los buenos y graciosos. La lista puede ser larga, pero la más graciosa de todas aquellas personas lo fue, en mi opinión " la China de Santos Suárez". Era una mulata achinada, de estrafalaria forma de vestirse y con problemas mentales, que deambulaba por barrios y solares cantando y bailando. Era un verdadero espectáculo el verla y escucharla. Sus canciones insinuadoras y semi obscenas eran toda una delicia. Se vestía de forma  rocambolesca y con lo que encontrase y acomadese mejor .Todos la querían mucho. Niños y adultos se deleitaban con sus incursiones y siempre fue muy bienvenida. Qué Dios la tenga en la gloria!

Carnicero

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Mi padre lo traía siempre con las patas amarradas y con las alas cruzadas para que no pudiera aletear. Se me antojaban enormes aquellas aves de plumaje negro, protuberancias rojas sobre el pico y en el pescuezo y de apariencia nada bella.....pero eran parte de la alimentación de cualquier humano. El guanajo, como le llamamos al pavo, lo llevabamos a la azotea y con la soga con que tenía amarradas las patas, mi padre lo colgaba de una tubería gruesa que conducía el agua de los tanques del Copelita de La Víbora, hacia sus instalaciones, situadas en la parte inferior del edificio. La maniobra de sacrifico del animalito requería destreza, agilidad y precisión: había que tomarle de la cabeza y cortarle el cuello con un afilado cuchillo. Luego salir corriendo para no ser salpicado por la sangre del ave, que aun con vida aleteaba de forma descontrolada hasta que dejaba de moverse......

Vista panorámica

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Una enorme escalera de caracol y mal hecha con maderas, permitía acceder a la azotea del edificio donde vivíamos. Eran unos 5 metros de altura de peldaños semipodridos y rotos, pero increíblemente considerábamos como seguros, pues nunca se accidentó nadie, ni se desmoronó aquello, que tenía un tronco central, de una madera dura y majestuosa. Ya a la luz del día y hacía la izquierda se desparramaba la azotea. Con sus claraboyas alineadas. Algunas conservaban el grueso vivrio del tragaluz, otras estaban tapiadas con cemento. Por la parte izquierda y al centro estaban instalados los tanques del Coppelita de La Víbora, que en no pocas ocasiones. cuando el agua que contenía se desbordaba por defectos del sistema de cierre de la misma, utilizábamos como fuente para bañarnos al aire libre, con el beneplácito de padres y vecinos. A la voz de " los tanques del copelita se estan botando" , subíamos con cubos y palanganas para jugar y divertirnos. Desde aquella majestuosa azotea, se p...

Comunicaciones

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Han pasado más de 30 años y es un enigma que no he querido descubrir, pues es sencillamente fascinante. Casi llegando al semaforo de la interseccción de la Avenida de Acosta con la Calzada de Diez de Octubre, había un desvío que por sus características ofrecía poca visibilidad a los conductores. La acera aledaña, era amplia, pero al hacer el recorrido hacía abajo no se veía quien viniese caminando por la misma. En fin esta pendiente tenía sus características pese a lo corta de la misma: por un lado, si no frenabas y doblabas a tiempo podías ir a parar a la calle y un auto u otro vehículo podría atropellarte, pero si lograbas hacer la maniobra de viraje a tiempo, también podrías atropellar a cualquier transeúnte que estuviera caminando por la acera en dirección opuesta a la tuya, en síntesis era una maniobra peligrosa a realizar con la chivichana y solo se podía ejecutar una vez, para no tentar a la suerte. Pues bien, escogido el momento del día para ello, me lancé lomita abajo y t...

Camisa nueva....

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De color amarillo claro,recien estrenada, era aquella camisa que sin abotonarla me la puse y salí a montar mi juguete preferido de aquellos días. El sitio escogido para la aventura de deslizamiento, era la bajada ubicada entre la carnicería y unos almacenes, que luego devinieron en casas. Eran unos 25 metros de una pendiente, en una especie de pasillo amplio interior, flanqueado por dos edificios y que daba con el portal de la casa de unos de mis amigos y compañero de estudios primarios. El recorrido lo había hecho en disimiles oportunidades; la mayoría de las veces sin camisa, pero esa tarde era distinto. Me estaba estrenando una camisa. La pared de la derecha no aportaba nada significativo, sin embargo a la izquierda y casi al principio de la pendiente, estaban los relojes que marcaban el consumo de electricidad de las numerosas casas del vecindario: cables conductores, conexiones, tuberías conductoras del agua y una reja que te permitía ver el patio interior de una de las casas. ...

.... no lo hago más....

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...pero yo si... Tres décadas después de aquella frase, lo sigo haciendo, cada vez que la ocasión lo amerita y siempre para el disfrute de amigos o familiares. Segundos antes de la frase del título, mi madre lo había guardado dentro del refrigerador, como parte del proceso que iniciado unas horas antes había inundado  la casa de los olores de la vainilla, la leche, el caramelo hecho a base de azúcar que al calor del fogón, le había dado esa tonalidad carmelita oscuro de unos de mis favoritos postres. Mi hermana y yo, cómplices una vez más, dimos buena cuenta de parte  del dulce en cuestión a tan solo unos minutos de que mi madre lo pusiera para que estuviera bien frio a la hora de servirlo. La tentación fue más poderosa que la obediencia y la prudencia.... Si lo probastes alguna vez, sabrás a lo que me refiero. Al Flan.....

Ya no tengo escuela

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No sé si fue la noticia en si o las conmovedoras imágenes de mi antigua escuela primaria, un antiguo convento, luego devenido en escuela de oficios y más tarde en escuela primaria; lo que me motivó a este escrito. Nombrada como Pedro María Rodríguez, situada en calle Carmen entre Cortina y Figueroa fue mi primera escuela desde pre-escolar hasta el comienzo de mi sexto grado de estudios cuando fuimos todos trasladados y reubicados en distintas escuelas del propio municipio donde residía. De ella lo recuerdo todo: su entrada magistral, con  doble accceso de esclareas, el vestíbulo inmenso, a la derecha la biblioteca, a la izquierda la oficina de la directora de quien prefiero no acordarme por su desagradable protagonismo en acciones contra mi madre. Al frente el patio, pero antes enormes pasillos  de la primera planta con acceso a las distintas aulas; recuerdo el teatro, el comedor y la cocina, donde trabajaba mi madre, la carpintería, el ascensor. Recuerdo el nombre de cada un...

Conspiración

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De las constantes travesuras en conjunto, disputas y enojos de hermanos, a veces, más bien con cierta frecuencia, pasábamos a dirimir nuestras diferencias e inconformidades a base de acciones físicas del uno contra el otro: arañazos, empujones, manotazos y demás..... La respuesta materna pasaba del castigo o penitencia a la reprimenda física con diferentes aditamentos: la chancleta plástica; que producía un escozor indescriptible cuando por la fuerza del golpe se estrellaba contra nuestros glúteos o parte trasera de las piernas, era uno de los más temidos.  El manotazo certero y seco, también era de temer. Pero las palmas se las llevaba , la vaina de un sable de juguete confeccionado en plástico duro y que era conocido como " el machetín colorao" por su color rojo. Reconozco que fue mi idea la de hacer desaparecer tan"siniestra" arma de castigo y penitencia, pero necesitaba un cómplice para tal acto. Mi hermana era la única candidata existente quien...

Servicio de habitaciones

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Bien temprano en la mañana, cuando el hambre me hacía interrumpir mi sueño y rodeado de la armazón de madera de mi cuna, ut ilizaba un bullicioso método para clamar por mi biberón de leche. Mamiiiiii la leche!!!!!  vocifera ba mi garganta in fantil de forma impaciente, mientras a unos metros de mi, se apresuraba mi madre por pro veerme de mi desayuno diario. Un tiempo después, subía Yeya , mi mamá como también se le conoce con el pomo de leche que  llegaba como una bendición y un calmante l uego del ayuno involuntario que presuponen más de ocho horas de sueño. Al tacto, entre tibio y caliente, era muy reconfor tante; el olor era un recordatorio de la vaca que proveía tan delicioso líquido, pero lo mejor de todo era el sabor: un verdadero r egalo al paladar: dulce no, dulcísimo...aunque nunca me detuve a pen sar, ni a preguntar( me) con qué lo endulzaba mi madre, sin con azúcar o leche condensada. Lo cierto, es que cada mañana de mi infancia, recibía, en lo que hoy...

Mi amanecer preferido

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Pueblo: La Ruda, Habana campo, Cuba, año: no lo recuerdo, no crea que sea importante, era un niño y ha sido el más original de mis amaneceres. Trabajaba mi padre en casa de unos guajiros de muy buen corazón y preguntado de dónde prefería dormir, si dentro de la casa o en el establo en una hamaca, se decidió por la última opción. A mi me hicieron igual pregunta y siguiendo la decisión de mi padre, opté por una hamaca por lecho y el armazón de horcones, yaguas y pencas de guano del establo, por techo. La sensación de dormir casi en el aire era novedosa e inexplicablemente placentera, el sonido de los grillos y demás animales de vida nocturna, pusieron música a una noche especial, el olor a madera húmeda, pasto y los olores propios de los animales que duermen en los establos, le dieron un matiz inigualable a la atmósfera. Con toda esa gama de sensaciones nuevas...me dormi....y mi despertar llevaba la impronta de un vacuno. Ella sacó su cabeza, muy cerca de mi y comenzó su proceso de ...

La moneda

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Un medio El sonido de la moneda al chocar contra el piso impulsó a mi madre a pedírme que se la alcanzara, yo andaba por allá abajo jugando, pero no la vi ni escuché al caer. Ante su solicitud, hice lo que estaba a mi alcance y posibilidades para recuperarla. El método: pasar la mano por el suelo para en caso de rozarla, saber que estaba alli. Mi madre, con un buen sentido común se percató que mi método era el propio de los débiles visuales o quizás algo peor...los invidentes. Un rápido traslado hasta el hospital infantil William Soler aclararía las dudas. Cuando la doctora; la oculista como decimos en mi país a los oftalmólogos, me hubo de colocar todos los artefactos para comprobar el estado de mi visión y trató de retirarlos...una súplica infantil la paralizó y junto a mi madre se echó a llorar:  " mami, mamí...que no me quiten mis ojos nuevos".....

Regalo de cumpleaños

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Cada 8 de enero sin faltar uno solo, llegaba nuestro padre con flores para mi hermana. Nunca supe de dónde las recogía -eran silvestres y muy hermosas- Será aquel gesto que me hizo elegirlas como mi flor favorita y que ahora lo uso como una cadena de asociaciones para recordar a todos en mi familia? Las flores de marras, me recuerdan el cumpleaños de mi hermana y a mi padre, portador de tan delicado regalo. A su vez mi progenitor me recuerda a mi madre y hasta ahí llega la familia de mi infancia. Por eso cada vez que la veo, se la regalo en la distancia y con el pensamiento, porque ya mi padre no podrá hacerlo.  Para ti mi hermana, aqui está tu regalo...

Me voy....

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.... si después de 3 horas de la hora de salida del vuelo no he regresado y si alguien pregunta por mi, le puedes decir que he salido de viaje"...Solía decirle a mi madre, con esa mezcla de superstición y prudencia que suponía entonces salir de Cuba aunque fuese de forma temporal. Corrían  los años 90. Una década anterior, una decisión inconsulta de mi padre, una intransigencia social, signada por una manipulación política, nos sumió en una situación algo dificil, cuando nos íbamos a mudar a otra tierra, en busca de no sé qué...solo tenía unos 10 años y solo seguía a mis padres. Transcurrieron 20 años, que si son algo, y por voluntad propia, me despedí con la misma frase que siempre le decía a mi madre. 18 años después sigo yéndome por ahí....

Mi B favorita

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 Bailar: creo que no pasaba de los 5 años cuando vi a mi padrino Yayo y a mi madre, Yeya, bailando un danzón, que es el baile nacional de mi Cuba....Han pasado más de 4 décadas de aquel impacto audio visual y sigo sin recuperarme de la emoción que siento cuando lo bailo, lo enseño, lo demuestro. Todo conjugó de forma perfecta y cómplice para atrapar a un niño en una de las actividades más gratificantes que hay. La música, hermosa, subyugante, cubana hasta el más pequeño de los acordes; la vestimenta de mi padrino. zapatos de dos tonos, pantalón "bataolas" impecablemente planchado, con el dobladillo subido, camisa de mangas cortas almidonada y planchada,; el vestido de época de mi madre, su gracia al seguir las variaciones de los pasos de mi padrino y una sincronización y elegancia que se me dejaron atónito, paralizado y definitivamente me hicieron un amante del baile. Todo ocurrió en un cuarto de la barriada de La Víbora, un bendito día de los tantos que tuve en mi inf...

Naciste solo

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10 años de edad y aquella afirmación la sigo considerando como el mejor consejo que me ha dado mi madre para poder ser independeiente y poder vivir alejado de familiares y compatriotas, en una tierra que no es colorá como la de Guara o la Ruda. En aquel entonces estos sitios se conocían como el Círculo Social Obrero José Ramón Rodríguez y al de la foto inferior como El Nautico ( El club). Hasta allí me iba solo en el verano de 1979 para bañarme en la playa, jugar con nuevos amiguitos y hasta recibir ayuda y apoyo cuando me lesioné en uno de mis talones y requerí traslado al hospital para que me suturasen la herida. Este sigue siendo el mejor verano de mi infancia y quizás el de toda mi vida. Lo disfruté solo, sin depender de ningún "amiguito" y me preparó mentalmente para la vida. Gracias mami por esa lección de auto independencia; de no esperar por otros para hacer y/o disfrutar de algo.