Carnicero
Mi padre lo traía siempre con las patas amarradas y con las alas cruzadas para que no pudiera aletear. Se me antojaban enormes aquellas aves de plumaje negro, protuberancias rojas sobre el pico y en el pescuezo y de apariencia nada bella.....pero eran parte de la alimentación de cualquier humano.
El guanajo, como le llamamos al pavo, lo llevabamos a la azotea y con la soga con que tenía amarradas las patas, mi padre lo colgaba de una tubería gruesa que conducía el agua de los tanques del Copelita de La Víbora, hacia sus instalaciones, situadas en la parte inferior del edificio.
La maniobra de sacrifico del animalito requería destreza, agilidad y precisión: había que tomarle de la cabeza y cortarle el cuello con un afilado cuchillo. Luego salir corriendo para no ser salpicado por la sangre del ave, que aun con vida aleteaba de forma descontrolada hasta que dejaba de moverse......
El guanajo, como le llamamos al pavo, lo llevabamos a la azotea y con la soga con que tenía amarradas las patas, mi padre lo colgaba de una tubería gruesa que conducía el agua de los tanques del Copelita de La Víbora, hacia sus instalaciones, situadas en la parte inferior del edificio.
La maniobra de sacrifico del animalito requería destreza, agilidad y precisión: había que tomarle de la cabeza y cortarle el cuello con un afilado cuchillo. Luego salir corriendo para no ser salpicado por la sangre del ave, que aun con vida aleteaba de forma descontrolada hasta que dejaba de moverse......



Comentarios
Publicar un comentario