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Mostrando entradas de agosto, 2016

El balcón

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Solía sentarme a la derecha, desde allí dominaba todo lo que se movía y escuchaba en esa parte de la calle, Era pequeño, baranda de madera oscura, enrejado y con una chapa de metal , el piso con losas de color rojo vino, a la izquierda estaba la tinaja. Por esa parte solo me sentaba o acercaba en ocasiones especiales, como el dia de "La decisión ". Más de una veintena de similares puestos de observación se alineaban a la misma altura y a lo largo del edificio marcado con el No. 1353 de la Calzada de Diez de Octubre. El sonido de mi barrio me fascinaba, el movimiento de vehículos y personas me avivaba la imaginación infantil. Del otro lado de la calle: El Gran Cinema, el cine de mi infancia, donde disfruté de "El Zorro" con Alain Delón o "El Tulipán Negro", "El jinete sin cabeza"....situado en la esquina de la izquierda, que luego devino en dependencia del Circo Nacional de Cuba, a su lado una óptica que fue transformada en oficinas; la tienda  ...

Personajes.....

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Todo barrio, ciudad, país e incluso hasta los hay que trascienden el ámbito nacional; tienen personas, que por su forma de ser o comportarse son pintorescos, atractivos, graciosos, dignos de lástima o despreciables. Los de mi barrio eran de los buenos y graciosos. La lista puede ser larga, pero la más graciosa de todas aquellas personas lo fue, en mi opinión " la China de Santos Suárez". Era una mulata achinada, de estrafalaria forma de vestirse y con problemas mentales, que deambulaba por barrios y solares cantando y bailando. Era un verdadero espectáculo el verla y escucharla. Sus canciones insinuadoras y semi obscenas eran toda una delicia. Se vestía de forma  rocambolesca y con lo que encontrase y acomadese mejor .Todos la querían mucho. Niños y adultos se deleitaban con sus incursiones y siempre fue muy bienvenida. Qué Dios la tenga en la gloria!

Carnicero

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Mi padre lo traía siempre con las patas amarradas y con las alas cruzadas para que no pudiera aletear. Se me antojaban enormes aquellas aves de plumaje negro, protuberancias rojas sobre el pico y en el pescuezo y de apariencia nada bella.....pero eran parte de la alimentación de cualquier humano. El guanajo, como le llamamos al pavo, lo llevabamos a la azotea y con la soga con que tenía amarradas las patas, mi padre lo colgaba de una tubería gruesa que conducía el agua de los tanques del Copelita de La Víbora, hacia sus instalaciones, situadas en la parte inferior del edificio. La maniobra de sacrifico del animalito requería destreza, agilidad y precisión: había que tomarle de la cabeza y cortarle el cuello con un afilado cuchillo. Luego salir corriendo para no ser salpicado por la sangre del ave, que aun con vida aleteaba de forma descontrolada hasta que dejaba de moverse......

Vista panorámica

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Una enorme escalera de caracol y mal hecha con maderas, permitía acceder a la azotea del edificio donde vivíamos. Eran unos 5 metros de altura de peldaños semipodridos y rotos, pero increíblemente considerábamos como seguros, pues nunca se accidentó nadie, ni se desmoronó aquello, que tenía un tronco central, de una madera dura y majestuosa. Ya a la luz del día y hacía la izquierda se desparramaba la azotea. Con sus claraboyas alineadas. Algunas conservaban el grueso vivrio del tragaluz, otras estaban tapiadas con cemento. Por la parte izquierda y al centro estaban instalados los tanques del Coppelita de La Víbora, que en no pocas ocasiones. cuando el agua que contenía se desbordaba por defectos del sistema de cierre de la misma, utilizábamos como fuente para bañarnos al aire libre, con el beneplácito de padres y vecinos. A la voz de " los tanques del copelita se estan botando" , subíamos con cubos y palanganas para jugar y divertirnos. Desde aquella majestuosa azotea, se p...

Comunicaciones

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Han pasado más de 30 años y es un enigma que no he querido descubrir, pues es sencillamente fascinante. Casi llegando al semaforo de la interseccción de la Avenida de Acosta con la Calzada de Diez de Octubre, había un desvío que por sus características ofrecía poca visibilidad a los conductores. La acera aledaña, era amplia, pero al hacer el recorrido hacía abajo no se veía quien viniese caminando por la misma. En fin esta pendiente tenía sus características pese a lo corta de la misma: por un lado, si no frenabas y doblabas a tiempo podías ir a parar a la calle y un auto u otro vehículo podría atropellarte, pero si lograbas hacer la maniobra de viraje a tiempo, también podrías atropellar a cualquier transeúnte que estuviera caminando por la acera en dirección opuesta a la tuya, en síntesis era una maniobra peligrosa a realizar con la chivichana y solo se podía ejecutar una vez, para no tentar a la suerte. Pues bien, escogido el momento del día para ello, me lancé lomita abajo y t...

Camisa nueva....

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De color amarillo claro,recien estrenada, era aquella camisa que sin abotonarla me la puse y salí a montar mi juguete preferido de aquellos días. El sitio escogido para la aventura de deslizamiento, era la bajada ubicada entre la carnicería y unos almacenes, que luego devinieron en casas. Eran unos 25 metros de una pendiente, en una especie de pasillo amplio interior, flanqueado por dos edificios y que daba con el portal de la casa de unos de mis amigos y compañero de estudios primarios. El recorrido lo había hecho en disimiles oportunidades; la mayoría de las veces sin camisa, pero esa tarde era distinto. Me estaba estrenando una camisa. La pared de la derecha no aportaba nada significativo, sin embargo a la izquierda y casi al principio de la pendiente, estaban los relojes que marcaban el consumo de electricidad de las numerosas casas del vecindario: cables conductores, conexiones, tuberías conductoras del agua y una reja que te permitía ver el patio interior de una de las casas. ...

.... no lo hago más....

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...pero yo si... Tres décadas después de aquella frase, lo sigo haciendo, cada vez que la ocasión lo amerita y siempre para el disfrute de amigos o familiares. Segundos antes de la frase del título, mi madre lo había guardado dentro del refrigerador, como parte del proceso que iniciado unas horas antes había inundado  la casa de los olores de la vainilla, la leche, el caramelo hecho a base de azúcar que al calor del fogón, le había dado esa tonalidad carmelita oscuro de unos de mis favoritos postres. Mi hermana y yo, cómplices una vez más, dimos buena cuenta de parte  del dulce en cuestión a tan solo unos minutos de que mi madre lo pusiera para que estuviera bien frio a la hora de servirlo. La tentación fue más poderosa que la obediencia y la prudencia.... Si lo probastes alguna vez, sabrás a lo que me refiero. Al Flan.....