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202…5….6

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  Día 365 del año 56 de mi vida. Acostado, en silencio, escribiendo. Ha sido uno de esos años con de todo un poco. Hice lo que quise, lo que pude y lo que me dejaron. Disfruté del viaje, del proceso, de la transición. Mañana reiniciamos el conteo: día uno, mes uno, año cincuenta y siete. ¡Bienvenido, 2026!

¿Navidades en Cuba ?

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  ¿Navidades en Cuba ? Años antes de mi nacimiento las habían prohibido. Solo recuerdo que mi madre colocaba algunas luces qué eufemísticamente llamaba guirnaldas: un cable con algunos bulbos de colores verde, azul y rojo…. con el tiempo dejaron de funcionar y se apagó la última señal del festejo familiar por la despedida del año viejo y el advenimiento del nuevo. ¿ Árbol de Navidad? ¿ Papá Noel ? ¿ Regalos navideños? ¿ Turrón de almendras? Me fui enterando de su existencia mucho después de mi adolescencia y mi temprana adultez…. Fin de año…. Sin colores Sin fuegos artificiales  Sin cuenta regresiva  Ni copas de champán  Sin fiestas  Pero no nos pudieron quitar la alegría. Pero …. Hubiese preferido haberlas vivido en mi tierra, con mi madre, en familia…. Hace dos décadas que tengo todo lo material para disfrutar de unas navidades pero…. Mi madre no está….

El librero

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  Cada cosa en una casa tiene su historia. En mi caso, en la casa de mi madre se reafirma lo escrito. Un mueble puede tener muchísimo simbolismo e historia asociados …. Cuando empecé a estudiar en la universidad, creció exponencialmente mi hábito por la lectura. Junto con la literatura propia de los estudios de licenciatura en Derecho, se fue sumando la literatura de otras disciplinas: gramática, historia, estudios etnográficos, cultura cubana, sinónimos y antónimos, verbos, diccionarios…. Había que buscarles un espacio-lugar de almacenaje para cuando la consulta del momento exigiera del uso de algún libro. El mueble recurrente es el librero…. Teníamos uno de color marrón y varios anaqueles, pero era pequeño. Mi padrino, previa solicitud y encargo de mi madre, confeccionó uno, que lo atornilló a la pared del cuarto, de la barbacoa, de la casa de mi madre. Al principio me pareció enorme : tenía tres niveles cada uno con unas planchas de unos dos metros de largo y unos treint...

Mi entierro….

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ya lo tengo pago» Varias veces escuché a mi padre decir, con desenfado, aquella frase cargada de un sarcasmo seco, casi burlón. Se refería a los gastos funerarios, que en aquella época —y en Cuba— no resultaban exorbitantes. Por entonces gozaba de buena salud y no tenía una edad avanzada. Hasta que llegó su año setenta y siete de existencia y la parca lo llamó a su seno. ¿Los detalles? Enfermó. Fue hospitalizado. Una madrugada, en la casa marcada con el número 270 de la calle Dolores, en la barriada de Lawton, tocaron a la puerta. Era Dago, amigo de bares y botellas. No hizo falta que dijera nada. Yo ya lo sabía. Mi padre ya tenía pagado su entierro.

Domingo, diciembre

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Diciembre, dieciséis días por delante. Son las 12:18. Llueve. Hubiese preferido que nevara, pero igual acepto el agua. Es domingo. Voy rumbo al centro de mi localidad: guagua, luego tren, tranvía, metro… una coreografía urbana que ya conozco de memoria. Afuera, nublado. Por dentro, el sol bien puesto. Música en los oídos. Salsa romántica. De esa que no grita, susurra. Respiro. Vivo. Y sin grandes promesas ni fuegos artificiales, lo sé: hoy también es un buen día.

El duelo

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Siempre iba en desventaja. Lo sabía desde que entraba a la casa de los vecinos. Pero no me importaba. Asumía el riesgo y, más aún, disfrutaba todo el proceso. Mis vecinos eran orientales, guantanameros de pura cepa, aunque —cosa curiosa— le iban con alma y vida al equipo de Santiago de Cuba. Y yo no. Yo era de Industriales, azul hasta la médula, La Habana completa en el pecho. Así que, cada vez que había juego entre Industriales y Santiago, aquello se convertía en una cita obligada… y peligrosa. En esos tiempos, Santiago no era cualquier cosa. Era La Aplanadora. Un equipo duro, lleno de peloteros que imponían respeto. Y estamos hablando de béisbol, del deporte nacional, de la pelota que se juega y se sufre en Cuba. Así que imagínate el panorama. Yo me sentaba allí, en la sala de mis vecinos, frente al televisor —a veces en blanco y negro, a veces con más interferencias que imagen— rodeado de guantanameros y santiagueros gritones, confiados, sabrosos. Y empezaba el juego. Nueve ...

Mis cocteles 4 y 5

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🍸  1. “New York Sour” (versión con Ballantine’s) Este es un cóctel clásico y elegante. Ingredientes: 50 ml de whisky (Ballantine’s va perfecto) 25 ml de jugo de limón fresco 20 ml de jarabe simple (azúcar + agua) 15 ml de vino tinto seco (como un Malbec, Cabernet o Tempranillo) Preparación: Mezcla el whisky, el jugo de limón y el jarabe en una coctelera con hielo. Cuela en un vaso bajo con hielo fresco. Con una cucharita invertida, vier­te lentamente el vino tinto sobre la superficie para que flote (crea una capa muy bonita). 👉 Resultado: un cóctel con dos  2. “Red Velvet Highball” (versión moderna) Ingredientes: 40 ml de whisky Ballantine’s 20 ml de licor de cassis (opcional) 100 ml de vino tinto afrutado Agua con gas o soda Preparación: Llena un vaso alto con hielo. Añade whisky y el licor de cassis. Incorpora el vino tinto. Completa con soda y remueve suavemente. 👉 Resultado: un trago refrescante, frutal y ligeramente burb...