Domingo, diciembre






Diciembre, dieciséis días por delante.

Son las 12:18.


Llueve.

Hubiese preferido que nevara,

pero igual acepto el agua.


Es domingo.


Voy rumbo al centro de mi localidad:

guagua,

luego tren,

tranvía,

metro…

una coreografía urbana que ya conozco de memoria.


Afuera, nublado.

Por dentro,

el sol bien puesto.


Música en los oídos.

Salsa romántica.

De esa que no grita,

susurra.


Respiro.

Vivo.


Y sin grandes promesas ni fuegos artificiales,

lo sé:

hoy también es un buen día.






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