Chat IRL
La tecnología siempre ha tenido la capacidad de hacer lo imposible, posible. Desde mi cama en Estocolmo, con el amanecer apenas insinuándose a través de las ventanas, el mundo parecía estar a un toque de distancia, o más bien, a un mensaje de distancia. Seis horas atrás, ella, desde Puebla, había comenzado la conversación. El océano Atlántico, inmenso y profundo, se redujo a nada en cuanto recibí su mensaje en WhatsApp.
Ella: ¡Hola!
Mi fin de semana fue sumamente lluvioso, pero lo pasé principalmente descansando.
¿Y el tuyo?
En Estocolmo empezaba a amanecer, desde mi cama y con el teléfono muy cerca de la cara, la respuesta fue inmediata…
Yo: ¡Hola !Parece como si el clima sueco se mudó a Puebla.
La mañana del sábado se presentó agradablemente fresca, hermosa, cielo azulado, despejado, a ratos moteado con blanquísimas nubes, un disfrute total.
La víspera recibí un mensaje vía Instagram de una ex compañera de trabajo y estudios que reside en Estados Unidos pero estaba de visita con parte de su familia y unos amigos y quedamos en encontrarnos….
Ella: ¡Qué bien!
Yo: Estuve con el grupo cerca de dos horas desde las 10:00 y sobre las 13:00 me fui a ver un partido de fútbol de mi hijo….
Ella: ¿Y cómo les fue en el partido?
Yo:La estrategia desafortunada de jugar a la defensiva y la calidad del otro equipo provocaron un resultado adverso. Los niños olvidan rápido.
Ella: Bendita niñez, o gran cualidad esa de olvidar rápido.
Yo: Así es …
Yo guardo las cosas en receptáculos especiales en mi cerebro.
Trato de no abrir esas cosas para que las malas no me dañen…. las buenas me hacen llorar de emoción…..
Ella: Debe requerir un gran control... y autocuidado
Ella: ¿Ya te preparas para salir?
Todavía tengo tiempo en cama. Tres horas más aquí en casa y luego tres horas más para mí en contacto con el mundo circundante, mientras, creo, recreo, disfruto del placer de estar vivo, respirar, escribir, moverme por la ciudad, ver caras nuevas, cosas nuevas….
Ella: Me intriga mucho la forma en que transcurre tu tiempo. El mío juega, se burla, sabe cosas que yo no...
El ritmo de la conversación era casi terapéutico. A pesar de estar separados por un océano, por diferentes zonas horarias y climas, había algo en esa conexión que hacía que el tiempo y la distancia desaparecieran. Nos entendíamos en cada frase, en cada pausa. Desde su cama en Puebla y la mía en Estocolmo, ambos estábamos compartiendo momentos, rutinas y pensamientos, como si estuviéramos sentados en la misma habitación, disfrutando del mismo amanecer o escuchando el mismo sonido de la lluvia.
Los días se construyen así, en conversaciones que parecen pequeñas pero que llenan el espacio de nuestra mente y nuestro corazón. Nos tocaba a cada uno salir al mundo, vivir nuestras vidas, pero por unos minutos más, en esa burbuja de palabras, el mundo exterior podía esperar.



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