Caricaturas vs realidad
De niño me preguntaba ¿ De dónde sale la inspiración de los realizadores de dibujos animados para crear tan disímiles caracteres con rasgos humanoides ?
En aquel entonces el análisis solo se resumía a la pregunta y obviaba cosas tan importantes como:
Lugar de procedencia del dibujo animado.
La sociedad/realidad que refleja.
Tenia cero contacto con personas de otras nacionalidades .
Por otra parte no sabía que personas de otros países pudieran ser « diferentes » a los cubanos.
Tenia cero contacto con personas de otras nacionalidades .
Por otra parte no sabía que personas de otros países pudieran ser « diferentes » a los cubanos.
Al llegar a Europa todo tuvo más sentido y reconocí muchos de los tipos morfológicos en la gente que veo a diario en la calle.
No
Al llegar a Europa, fue como si me hubieran dado unas gafas especiales que me permitían ver en alta definición la diversidad humana. De repente, entendí que aquellos personajes de caricaturas no eran solo fruto de una imaginación desbordada, sino que se inspiraban en personas reales. Claro, con un toque de exageración, porque todavía no me he cruzado con alguien con la cabeza del tamaño de una sandía o los ojos más grandes que la boca.
Al principio, caminando por las calles, me sentía como un niño pequeño viendo caricaturas en vivo. ¿De verdad existía alguien con el pelo tan rubio que parecía dorado al sol? ¿O aquellos rostros alargados que me recordaban a cierto personaje del oeste americano? Era como si de repente me encontrara en una feria internacional de personajes de dibujos animados.
Empecé a notar que algunos amigos y conocidos tenían ese “no sé qué” de algún personaje. El señor del mercado con su bigote perfectamente enrollado me recordaba a un villano de película muda. Y ni hablar de aquella señora de la panadería, cuya expresión siempre parecía salida de una comedia de los años cincuenta, con su risa exagerada y sus manos en constante movimiento. Parecía tener una capacidad mágica para hacer que cualquier cosa que tocara, desde una barra de pan hasta un bollo, adquiriera la forma de su personalidad.
Al final, me di cuenta de que los creadores de caricaturas no hacen más que capturar la esencia del comportamiento humano, mezclando un poco de esto y un poco de aquello, para darnos esos personajes tan disímiles y entrañables. Ahora, cada vez que veo a alguien que me recuerda a un personaje animado, no puedo evitar sonreír y pensar: “Ah, así que tú eres la inspiración detrás de ese dibujo animado”.





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