Viaje peligroso


Doblando por la esquina de Diez de Octubre y Acosta en la viboreña barriada de mi juventud, la vi venir .

La distancia entre mi posición y la parada de la guagua era de más de cien metros.

La única opción era correr rápido para alcanzarla.



Era una guagua de la ruta 174 con destino al Vedado, procedente de Lawton.

De las que llamábamos acordeón por la articulación de goma que tenía para unir lo que era una guagua normal con una elongación de otro.

La distancia ameritaba correr rápido y mi condición física me lo permitía sin dificultad.

La guagua iba llena y yo no era el único pasajero potencial.

Muchos corrimos esa mañana para lograrlo. Unos sin éxito , otros como yo alcanzamos a subirnos al estribo que a uva velocidad considerable se desplazaba por la avenida de Acosta.

A dos cuadras del Monaco y frente al Parque de Goicuría, en una maniobra irresponsable para seguir sumando violaciones del tránsito a su haber, el conductor arrimó la guagua a uno de los contenedores de basuras y el resultado desafortunado no se hizo esperar.

El impacto principal lo recibió el joven que como otros y yo colgábamos de la parte de afuera.

El dolor fue tan intenso por el impacto que tuve que aguantarlo para que no cayera del transporte en movimiento con las consecuencias que de ello se derivasen. 

Yo también recibí un impacto y por el golpe se desprendió el bolsillo trasero de mi pantalón y lesiones leves a la altura del lateral derecho de mi cintura.

El otro chico fue lesionado en la cintura . Un hueco en su piel fue el resultado.

Ni los gritos de los pasajeros influyeron en el endemoniado chofer que solo detuvo el transporte al doblar por el Mónaco .


Llegué vivo a mi destino, pero el final pudo haber sido distinto y nefasto.


Comentarios

Entradas populares