Antes de la electricidad
Un quinqué es una lámpara de aceite o queroseno que fue muy utilizada antes de la llegada de la electricidad….. o cuando te quitaban el suministro eléctrico.Recuerdo que los apagones, aunque molestos, formaban parte de la cotidianidad de aquellos tiempos. No había mucho que hacer cuando se iba la luz, más allá de esperar. El calor se hacía más intenso sin los ventiladores, y los sonidos del barrio cambiaban: las conversaciones se volvían más fuertes, los niños salíamos a las aceras, y en medio de esa oscuridad obligada, la vida seguía. Mi madre siempre tenía el quinqué listo, y en su ausencia, encendía la “chismosa”, una lámpara que apenas iluminaba lo suficiente, pero era nuestra salvación en aquellas noches largas.
A veces, el apagón llegaba justo en el momento más emocionante de una película o serie, o cuando el noticiero anunciaba algo importante. Gritábamos “¡Ñoooooo!” con frustración, pero poco podíamos hacer más que resignarnos. Sin embargo, en aquel entonces, sabíamos que la luz volvería pronto. No solían durar más de unos minutos o una hora como mucho, y cuando por fin regresaba, la alegría era inmediata. Los adultos suspiraban con alivio, y los niños corríamos a reanudar lo que fuera que estuviéramos haciendo antes de que las tinieblas se apoderaran de la casa.
Pero hoy, la historia es distinta. Cuba está apagada, literal y figuradamente. Los apagones ya no son breves momentos de oscuridad. Hoy en día pueden durar hasta dieciocho horas, una tras otra, como si el país entero se hubiese resignado a vivir en penumbra. La luz, ese recurso tan básico, se ha convertido en un lujo, y la desesperación crece con cada hora que pasa sin electricidad. Mi madre ya no está para encender el quinqué, y la “chismosa” parece un vestigio de una época que, aunque difícil, no se compara con la gravedad de lo que vive la isla hoy.







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