De la bermuda al pantalón térmico.
Claro, te cuento cómo va cambiando el guardarropa a lo largo del año en Suecia.
Empieza el año y estoy abrigado hasta las orejas, con mi pantalón térmico, la bufanda gruesa, guantes y ese gorro que me cubre bien las orejas porque el viento no perdona. El abrigo parece una segunda piel y las botas tienen suelas resistentes para no resbalarme en el hielo. Enero y febrero son pura supervivencia al frío, con días cortos y noches larguísimas.
Pero cuando se acerca marzo, uno ya empieza a soñar con la primavera. De a poco, el abrigo se queda abierto, aunque aún no es momento de dejarlo en casa. Abril es caprichoso, un día hace sol y al otro nieva, así que no se puede confiar. Siempre hay que llevar la chaqueta cortavientos y una capa extra por si acaso.
Mayo trae más luz, y ya empiezo a cambiar los pantalones térmicos por algo más ligero. Esos días que el sol calienta un poquito más, me atrevo con una camiseta debajo de una chaqueta fina, y las sandalias todavía están en el fondo del armario, pero ya las estoy mirando de reojo.
Junio y julio son otro cuento. Ahí sí, me olvido del abrigo, y paso a la bermuda, la camiseta ligera, y si hay suerte, las sandalias salen a pasear. Los días son largos, tan largos que cuesta recordar que alguna vez fue invierno. En verano hasta las camisetas ligeras me parecen mucho. A veces solo llevo la ropa de baño y me lanzo a cualquier laguito que encuentre para refrescarme. Eso sí, siempre una chaqueta a mano por si se levanta viento por la noche.
Agosto es parecido, pero ya noto que el verano se va. Empiezan las lluvias y ahí vuelven los zapatos cerrados. En septiembre, la chaqueta ligera ya no es suficiente. Empiezo a ponerme suéteres y bufandas otra vez. Las bermudas van quedando en el cajón, y las sandalias… bueno, esas ya saben que su tiempo ha pasado.
Llegando octubre, el frío regresa con ganas. Los pantalones térmicos vuelven a la acción, y las capas se apilan de nuevo. La ropa de baño queda guardada bien al fondo hasta el próximo verano, y las sandalias ya ni las miro. Las botas, por otro lado, están listas para el hielo y la nieve que no tardan en llegar.
Así que de la bermuda al pantalón térmico, es como hacer un ciclo completo, todo dictado por ese clima sueco que, aunque caprichoso, ya sé cómo enfrentar. Cada estación tiene su estilo, y a estas alturas, me he adaptado bien al cambio.Si






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