En la isla

 


Salvo rarísimas excepciones no fumo.

Era una tarde primaveral, con calorcito rico, inusual temperatura en esa época del año y en el archipiélago sueco .

Estábamos en Ornö, en la casa de mi compadre que aunque es excelente para vivir todo el año, en primavera y verano es cuando más la disfruto.

Estábamos en la terraza con vista al mar y a una pequeña islita a unos cien metros de distancia.

La terraza forma parte de la casa construida convenientemente en un promontorio en un lugar estratégico en un punto de atraque del transporte colectivo marítimo de la zona conocido como Björkosund….

En la mesa de madera yo había colocado mi aporte: una botella de ron Havana Club de la colección « Selección de Maestros» y mi compadre para acompañar aquella exquisitez al paladar aportó tabacos cubanos.



La brisa marina acariciaba suavemente nuestros rostros mientras el sonido relajante de las olas completaba la escena. Nos sentamos en sillas de madera robusta, cada uno con un vaso de ron en la mano, dejando que el cálido dorado del licor cubano se mezclara con el aire salado. Mi compadre encendió uno de los tabacos Habanos con destreza, y en el ambiente se percibió rápidamente el aroma profundo y terroso que nos llevó de inmediato a las calles de La Habana, a aquellas tardes llenas de historias y risas compartidas en Cuba.


No era frecuente que fumara, pero en ese momento, bajo ese cielo de un azul intenso que se extendía hasta el horizonte, la ocasión parecía pedirlo. Encendí el tabaco con calma, sintiendo cómo cada bocanada añadía un nuevo matiz a la experiencia, mientras el ron, con su suavidad y carácter, equilibraba perfectamente el sabor del tabaco.


Nos miramos en silencio, entendiendo que no hacía falta decir nada. El simple hecho de estar allí, lejos del bullicio de la ciudad y rodeados por la naturaleza del archipiélago, era suficiente. Era uno de esos momentos en los que te das cuenta de lo afortunado que eres, no solo por el lugar, sino por la compañía. Mi compadre y yo hemos compartido tantos momentos a lo largo de los años, y aunque nuestras vidas han tomado caminos distintos, siempre encontramos tiempo para regresar a estas sencillas, pero valiosas, tradiciones.


Alzamos nuestras copas, brindando sin palabras, y dejamos que la tarde se deslizara lentamente hacia una noche que prometía ser igualmente perfecta.





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