Y de repente llegó la noche…



….por la tarde….. sin avisar… nunca lo ha hecho… porque siempre ha sido así.

El fenómeno me sorprendió, agradablemente. El reloj marcaba una hora en la que habitualmente el sol y la claridad campean, por su respeto.

Pero aquí en Escandinavia, en el Reino de Suecia, las sombras tienen un papel protagónico durante casi todo el año.

Nada tétrico o deprimente, sino más bien interesante y fascinante.

Estaba viviendo in situ y en carne propia algo de lo que solo tenía información visual por lecturas o comentarios de quienes me transmitieron la información .

... El aire frío comenzaba a acariciar mi rostro, dándome la bienvenida a ese momento peculiar que parece diluir la línea entre la tarde y la noche. La luz del sol, debilitada y apagada, dejó paso a la penumbra sin que apenas me diera cuenta. Era otoño, un preludio a la temporada más oscura y larga del año en Suecia.



Aquí, en Escandinavia, el ciclo de luz y oscuridad cambia drásticamente con las estaciones. Alrededor de finales de octubre, el crepúsculo comienza a adelantarse cada vez más. Lo que en verano parece un sol interminable, en otoño se transforma en atardeceres tempranos, hacia las 15:30 o 16:00 horas. Es una experiencia envolvente: las luces de las calles y las casas adquieren un protagonismo casi mágico, mientras el mundo se sumerge en un manto de sombras, no sin antes teñirse de colores cálidos, con un resplandor naranja o rojo que parece despedirse del cielo.


Recuerdo haber leído sobre este fenómeno, pero ninguna descripción se acerca a la sensación real de estar inmerso en un entorno donde el día y la noche parecen intercambiar sus roles. A medida que noviembre se acerca, los días siguen acortándose, y para diciembre, la oscuridad se apodera de la mayor parte del día. A partir de las 14:30 o 15:00 horas, el crepúsculo ya ha ganado la batalla, dejando el mundo envuelto en una calma casi etérea.

Este juego entre la luz y la oscuridad no es simplemente una cuestión de horas; afecta la vida cotidiana. Las luces navideñas comienzan a adornar las ventanas desde noviembre, y con ello, la gente parece adaptarse, creando un ambiente acogedor dentro de sus hogares. Este contraste entre la calidez interior y el frío oscuro del exterior se siente como una danza, una coexistencia entre las tinieblas y el resplandor que define la vida en Suecia durante esta época del año.

Era fascinante vivirlo.




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