Comunicaciones


Han pasado más de 30 años y es un enigma que no he querido descubrir, pues es sencillamente fascinante.
Casi llegando al semaforo de la interseccción de la Avenida de Acosta con la Calzada de Diez de Octubre, había un desvío que por sus características ofrecía poca visibilidad a los conductores. La acera aledaña, era amplia, pero al hacer el recorrido hacía abajo no se veía quien viniese caminando por la misma. En fin esta pendiente tenía sus características pese a lo corta de la misma: por un lado, si no frenabas y doblabas a tiempo podías ir a parar a la calle y un auto u otro vehículo podría atropellarte, pero si lograbas hacer la maniobra de viraje a tiempo, también podrías atropellar a cualquier transeúnte que estuviera caminando por la acera en dirección opuesta a la tuya, en síntesis era una maniobra peligrosa a realizar con la chivichana y solo se podía ejecutar una vez, para no tentar a la suerte.
Pues bien, escogido el momento del día para ello, me lancé lomita abajo y todo salió a la perfección....bueno casi todo.
Tan pronto como frené, desmantelé mi chivichana y fui corriendo a todo dar hasta la casa de mi madre, situada a unos 250 metros del lugar.
En aquel entonces no disponíamos ni de teléfonos móviles, ni internet..pero al llegar a mi casa...mi madre ya lo sabía.
Todavía no entiendo como pudo saberlo.....



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