El que no sabe nadar......
Ciso era su nombre. Amigo de la familia, soldador de profesión, pachanguero, bebedor, pero fue quien me inició en los asuntos marítimos que cuatro décadas después me siguen uniendo al 70% de la superficie planetaria.
Fue en la playa de Santa María del Mar, donde aprendí a querer al mar, respetarle y a estar en armonía con él. La lección fue, si no pedagógica, según las exigencias actuales, si fue lo suficiente efectiva como para darme todos los recursos necesarios para moverme en el mar con seguridad y destreza.
Fue un lujazo que mi hija no tendra aunque asiste a una piscina bajo techo, con el agua a 29 grados celsius y una instructora certificada en la enseñanza de la natación.
El mar de la mayor de las Antillas, el sol calentando y brillando, el olor del mar, la arena fina bajo tus pies, el agua salada y el mejor de los maestros. Ese día de verano llegué a la playa sin saber.
Al regreso era el niño que ya sabe nadar.
Gracias Ciso!
Fue en la playa de Santa María del Mar, donde aprendí a querer al mar, respetarle y a estar en armonía con él. La lección fue, si no pedagógica, según las exigencias actuales, si fue lo suficiente efectiva como para darme todos los recursos necesarios para moverme en el mar con seguridad y destreza.
Fue un lujazo que mi hija no tendra aunque asiste a una piscina bajo techo, con el agua a 29 grados celsius y una instructora certificada en la enseñanza de la natación.
El mar de la mayor de las Antillas, el sol calentando y brillando, el olor del mar, la arena fina bajo tus pies, el agua salada y el mejor de los maestros. Ese día de verano llegué a la playa sin saber.
Al regreso era el niño que ya sabe nadar.
Gracias Ciso!



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