Año 56. Día primero.

 El inicio de un mes de celebraciones



Amaneció frío, muy frío. El termómetro marcaba -2°C, pero el cielo era de un azul perfecto, sin una nube que lo empañara. El sol, brillante y decidido, intentaba calentar el aire helado, aunque sin mucho éxito. Aun así, sentí que el día prometía. Después de todo, hoy era el comienzo de mi mes de celebraciones.


Sí, porque desde hace unos años decidí que mi cumpleaños no se reduce a un solo día. No señor, se celebra durante todo febrero con actividades interesantes, especiales o simplemente diferentes. La idea es hacer que cada día cuente, que no sea un mes más en el calendario.


Para inaugurar esta tradición anual, fui invitado a casa de unos amigos. Ella es colombiana, él es sueco, y juntos forman una pareja encantadora con un talento especial para la cocina. Apenas crucé la puerta, un aroma dulce y especiado me envolvió como un abrazo cálido.


—Hoy vas a probar algo muy colombiano —me dijo ella con una sonrisa.


En la mesa había una taza de chocolate caliente, endulzado con panela. En Cuba, lo llamamos raspadura, pero aquí me sonó más exótico, más auténtico. Tomé un sorbo y el sabor me transportó de inmediato: intenso, profundo, con esa dulzura natural que solo la panela puede dar. Un golpe directo a la nostalgia y al paladar.


—Pero espera, que esto se come con pan de bonos —añadió, señalando unos panecillos dorados, pequeños y perfectamente horneados.





Dio una pequeña explicación sobre su origen, pero a mí me bastó con el primer bocado para entenderlo todo. Queso, almidón, un toque de mantequilla… y la gloria en cada mordida.


—Bueno, si así comienza el mes, no quiero ni imaginar cómo va a terminar —dije, relamiéndome los dedos y riendo.


Nos sentamos a conversar sobre viajes, sobre el frío de la mañana y sobre cómo, a pesar del invierno, febrero se iba a llenar de momentos memorables. Y así, con un chocolate humeante y pan de bonos en la mano, comencé oficialmente la cuenta regresiva hacia mis 56 años.


No sé qué me espera en los próximos días, pero si hay algo que he aprendido es que las mejores celebraciones empiezan con un buen desayuno… y con una taza de chocolate colombiano.

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