Día 4 , del mes 2 a -2°C, año 56.



 Febrero 4 de 2025 – Estocolmo



La nieve ha sido la protagonista del cuarto día del mes 2 del año 56. Desde mi balcón, temprano en la mañana, observé cómo Estocolmo amanecía bajo un manto blanco. No era una nevada fuerte, solo una fina capa que cubría las calles, los techos y los árboles, pero suficiente para darle a la ciudad ese aire sereno y callado que solo la nieve puede crear.






Estoy en la parada de la guagua a, o del autobús, o del bus – como quieran llamarle – esperando para ir a la estación de Tumba y tomar el tren de corta distancia hacia Estocolmo. La nieve sigue cayendo, pero no es un frío extremo. Apenas unos menos dos grados, lo que aquí es casi un día templado de invierno. Claro, yo vengo bien preparado.


Mis botas de invierno pisan con firmeza el suelo húmedo, resguardando mis pies del frío implacable. Dos pares de medias mantienen el calor en mis pies, mientras que un calzoncillo de patas largas protege mis piernas bajo mi jeans verde.


En la parte de arriba llevo lo que se ha convertido en un hábito de supervivencia en los inviernos nórdicos: cuatro capas por debajo y una más arriba. Me visto en capas como si fuera una cebolla, pero es la mejor estrategia. 






Miro a mi alrededor. Algunas personas esperan en silencio, otros revisan sus teléfonos o conversan en voz baja. La nieve cae despacio, sin prisa, cubriendo la escena con un velo blanco. Me gusta este momento del día. 

Es un instante de pausa, de transición entre el hogar y el trabajo, entre el silencio de la mañana y la intensidad del día.


Llega el autobús. Subo, el calor del interior golpea mi rostro y ya sé que la primera capa tendrá que desaparecer en cuanto llegue a la estación. Pero por ahora, me acomodo en un asiento junto a la ventana y dejo que la ciudad pase ante mis ojos, con su invierno pausado, su gente en movimiento y la certeza de que hoy será un buen día.




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