¿ Por qué buceo ?
Hay animales del océano que uno quiere ver… y luego están los que uno sueña ver. Esos encuentros que, cuando imagino una inmersión perfecta, aparecen en mi mente como si el mar estuviera preparando una película solo para mí.
Cada vez que desciendo en el agua, llevo conmigo esa lista secreta.
En algún rincón de un arrecife tranquilo me gustaría encontrar al pequeño Mandarin fish. Un pez tan colorido que parece pintado a mano. Los buzos dicen que verlo es cuestión de paciencia: quedarse quieto, respirar despacio, mirar el coral como si fuera un jardín lleno de secretos. Y de pronto, entre las ramas del arrecife, aparece esa pequeña joya moviéndose con timidez.
Más allá, en aguas un poco más profundas, vive uno de los tiburones más elegantes del océano: el Thresher shark. Su cola larguísima parece diseñada para dibujar líneas en el agua. Siempre he imaginado ese momento: estar suspendido en el azul y verlo aparecer desde la distancia, nadando con una calma majestuosa.
Pero cuando el océano decide ponerse verdaderamente impresionante, entonces llegan los gigantes.
Las Humpback whale. Animales tan enormes que cambian la percepción del espacio. A pesar de su tamaño, se mueven con una suavidad que parece coreografía. Muchos buzos cuentan que cuando una ballena pasa cerca, uno siente el sonido en el pecho, como si el océano mismo estuviera respirando.
Y luego están las poderosas Orca. Inteligentes, organizadas, casi legendarias. Si algún día me encuentro con ellas en su ambiente natural, sé que lo primero que sentiré será respeto… ese silencio profundo que solo aparece cuando uno se da cuenta de que está frente a un verdadero dueño del mar.
También sueño con el vuelo submarino de la Oceanic manta ray. Las mantas no nadan: planean. Son como alas gigantes flotando en el agua. He visto videos donde pasan por encima de los buzos proyectando una sombra inmensa y elegante, como si el océano tuviera sus propias aves.
Y últimamente hay otro animal que se ha metido en mi lista de encuentros soñados: el extraordinario Ocean sunfish, más conocido entre buzos como Mola Mola.
La primera vez que vi una foto de uno me pareció casi un pez interesante. Redondo, enorme, con una cara que parece estar siempre sorprendida por la vida. Pero lo que más me fascina es su tamaño: puede pesar más de una tonelada. Y aun así, se mueve con una calma casi cómica, como un gigante pacífico que simplemente flota en el océano dejando que la corriente lo lleve.
Imagino ese encuentro así: estoy suspendido en el azul, mirando hacia la profundidad… y de repente aparece esa silueta redonda acercándose lentamente. Un Mola Mola gigantesco, curioso, tranquilo, como si también quisiera observarme a mí.
En momentos como esos uno entiende algo importante:
el buceo no es solo deporte.
Es visitar un mundo que no es el nuestro.
Un mundo donde cada animal que aparece frente a tu máscara no es un espectáculo, sino un regalo del océano.
Y por eso sigo bajando al agua.
Porque nunca sé cuál de esos sueños puede aparecer en la próxima inmersión.



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