Primera vez …. en la playa
Era una de esas veces que, aunque no lo sabes en el momento, se quedan para siempre.
Me estrenaba como tío en este tipo de menesteres.
Mi sobrino era, por aquel entonces, lo suficientemente pequeño e inexperto como para no tener idea de qué iba el asunto.
Lo sujeté por las axilas. Ambos descalzos, vestidos apenas con ropa de baño.
Desde la altura de mi pecho lo descendí hacia aquella nueva superficie.
Su reacción fue digna de un poema. No pude contener la sonrisa.
El pequeño, visiblemente preocupado, parecía preguntarse:
—¿Y esto qué cosa es?
Cuando sus pies tocaron la arena, un resorte de supervivencia hizo que los encogiera de inmediato, intentando protegerse de “aquello”.
Intenté colocarlo una y otra vez, con paciencia y ternura, pero fue en vano.
Opté entonces por entrar al agua con él.
Y allí la historia fue otra.
Nacido bajo el signo de Acuario, se sentía en su elemento.
El agua lo abrazó y él la reconoció. Chapoteaba, reía, se aferraba a mí sin miedo.
Estuvimos bañándonos un buen rato y, al momento de salir, opuso una resistencia infantil y tenaz.
No quería abandonar su reino.
De regreso a la arena, ya se había familiarizado con aquella superficie que minutos antes le parecía hostil.
La tocaba con curiosidad, casi con complicidad.
Estábamos en el antiguo Casino de la Playa, al que por obra y desgracia le cambiaron el nombre a Círculo Social Obrero.
Aún conservaba algo de su antiguo esplendor, pero sus mejores años ya eran parte de la historia.

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