Desnudos
Todos estábamos desnudos…
No era una decisión individual ni un gesto provocador.
Era simplemente la regla.
Dentro de las saunas y en las piscinas había que estar completamente desnudos. Nadie lo cuestionaba. Nadie parecía incómodo. La naturalidad con que todos asumían aquella norma hacía que, en cuestión de minutos, uno dejara de pensar en ello.
El lugar era enorme. Un complejo hotelero perdido en medio del campo, lejos de Viena, en la llanura que se extiende hacia el Neusiedler See, donde la tierra parece abrirse en horizontes amplios, casi infinitos. Allí, en medio de aquella naturaleza tranquila, se levantaba St. Martins Therme & Lodge, una mezcla curiosa de hotel elegante y refugio termal.
El complejo estaba construido alrededor de un lago. Desde algunas terrazas se podía ver el agua extendiéndose tranquila, rodeada de vegetación y de los paisajes del Parque Nacional Neusiedler See–Seewinkel. Aquello no tenía nada de urbano. Más bien parecía un lugar pensado para desaparecer del mundo durante unas horas, o incluso unos días.
El spa era amplio, generoso en espacios y posibilidades: piscinas termales interiores y exteriores, distintas saunas, salas de vapor, zonas silenciosas para descansar o meditar. Desde algunas piscinas exteriores uno podía mirar hacia el paisaje abierto mientras el vapor del agua caliente se mezclaba con el aire fresco del campo.
La experiencia resultaba interesante por una razón muy concreta.
Contrario a lo que imaginan muchas personas que no están habituadas a esta cultura, la desnudez allí no estaba rodeada de cuerpos perfectos ni de anatomías dignas de admiración.
Al contrario.
Lo que aparecía ante los ojos era algo mucho más humano: la diversidad de nuestras formas. Cuerpos jóvenes y viejos, delgados y pesados, musculosos y blandos, pieles tensas y pieles marcadas por el tiempo. Ninguno parecía fuera de lugar.
La desnudez, en aquel ambiente, dejaba de ser espectáculo. Se convertía en algo neutro, casi invisible.
Y entonces uno entendía que el verdadero lujo del lugar no estaba solamente en las piscinas termales, ni en la variedad de saunas, ni siquiera en el paisaje abierto que rodeaba el resort.
El verdadero encanto era ese raro estado de tranquilidad donde el cuerpo dejaba de ser algo que ocultar o exhibir… y simplemente existía.
Un sitio encantador, en definitiva: múltiples tratamientos, distintos tipos de saunas, espacios silenciosos para relajarse o meditar y otros donde uno podía simplemente dejar pasar el tiempo, descansar y disfrutar de una calma que en la vida cotidiana rara vez aparece. 🌿





Comentarios
Publicar un comentario