El autobús

Había que despertarse muy temprano para poder subirse a aquel antiguo autobús de fabricación inglesa, que pintado de colores tristes, como los de una foto antigua, te estaban anunciando que más tarde que nunca, serían cosa del pasado.
La terminal de autobuses
para el campo, al menos, para esa parte del campo que yo visitaba con mi padre, estaba relativamente cerca de casa y hasta allí íbamos a pie.
Luego allí, luego de una corta espera, hacia su aparición la guagua que nos llevaría al campo.
El viaje era toda una aventura, recorriendo los pueblecitos de campo.
Pero la guagua era algo especial: el pasillo central estrecho y flanqueado por hileras a ambos lados de asientos largos con capacidad para dos personas y un asiento un poco más largo en la parte trasera del autobús.
Para aquel entonces siempre me pareció una opción cómoda en comparación con los autobuses de la ciudad, aunque igual de ruidosos y expeliendo humo para contribuir a la contaminación ambiental.

Comentarios

Entradas populares