Juegos peligrosos

 Niño travieso tiene huellas de sus travesuras impregnadas por todo su cuerpo.

Yo no era la excepción: quemaduras por fricción, cortaduras, golpes de diversa índole avalaban mi trayectoria en el « mata perreo » por mi barrio.

Pero hubo una cuasi tragedia que hubiese tenido consecuencias graves para mi salud y quien sabe si para mi vida.

En el patio de la escuela primaria Pedro María Rodríguez, había una escalera con acceso a la carpintería que tenía una barandilla sin algunos de las barras de metal verticales, así como que le faltaba la parte final del pasamanos, pero conservaba la barra final.

Ese era el punto de atracción-reto-peligro: saltar desde la escaleras y sobrevolar con las piernas abiertas por sobre la barra de metal.

El objeto de más de un metro de alto, de hierro que tenía huellas de óxido y desgaste, culminaba en una punta que en su base era de unos veinte centímetros de grosor….

Salté varias veces y en cada salto aumentaba la complejidad, subiendo un peldaño en cada intento….el último llegó como una revelación cuando al sobrevolar el metal inerte y amenazante, sentí como se desgarraba mi short y me ocasionaba una herida en la pierna.

Si hubiese hecho un salto un par de centímetros más corto….quizás no estuvieses leyendo esto….Yo no habría vivido para contarlo.


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