De 44 a menos de 18 años


 




A los 44 me pasó algo que todavía hoy me da risa. Estaba en la licorería estatal aquí en Estocolmo, tranquilo, haciendo mis compras normales. Andaba con una franela —o sea, un mono deportivo, como le decimos nosotros— con los colores de la bandera sueca, y una gorra puesta al revés, visera para atrás. Nada del otro mundo.


Agarré unas cervezas y creo que también una botella de ron o algo así. Y tú sabes cómo es en Suecia: a los menores de 18 años no les venden alcohol, igual que en la mayoría de los países. Pues llego a la caja para pagar, y el muchacho —o la muchacha, ni recuerdo bien— me pide identificación.


Yo me quedé frío. Lo miré, me sonreí y le dije: “Mi hermano, tú eres mi mejor amigo.”

Cuando le di mi carnet y vio que yo había nacido en 1969, y que en ese momento tenía 44 años, la cara le cambió. Estaba impactado. Y yo por dentro muerto de la risa: ¡de 44 a menos de 18! Eso sí que es un cumplido.


Siempre fui el más chiquito del aula por el año en que nací, pero esto ya era demasiado. ¡Qué clase de viaje! De 44 pa’ 18, oye… qué bien. 


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