Error de cálculo.






A veces me acuerdo de Nelson, N.L.C… sí, Nelson el gordo, como le decíamos sin un ápice de piedad juvenil. En Cuba el bullying era igual que en todos lados, pero nosotros lo resolvíamos “a la antigua”: un par de piñazos, un afaje, y ya después había respeto… o más relajito, según el día.


Siempre me rio cuando pienso en él. Un día me dio por ponerme gracioso y subirme arriba de Nelson a caballito —error de cálculo monumental—. El tipo perdió el equilibrio y toda su masa infantil de categoría premium cayó de golpe sobre mi mano. Aquello se me infló como si hubiera metido la mano en una colmena. Doloroso, sí; dramático, quizás; pero ahora lo recuerdo y me da una risa tremenda.


Quién sabe dónde andará N.L.C hoy… pero bueno, si me reventó la mano fue por querer ponerme simpático y treparme encima del gordo. ¡Me lo gané yo solito!



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