¿ Ya tomaste café?





Café amargo? No, qué va. ¿Con azúcar? Tampoco. ¿Al estilo cubano? No, chico, yo no soy de esos cubanos que pueden cantar aquello de “Ay mamá Inés, ay mamá Inés, todos los negros tomamos café”.

A mí el café no me gusta. ¿Razones? Quizás el sabor, sencillamente.


Prefiero mil veces la variante irlandesa: Irish Coffee. Y ya, así de sencillo.

La gente se me queda mirando asombrada:

—¿No tomas café?

—Casi todos los cubanos toman café.

Bueno, pues yo estoy fuera del “todos”, pertenezco a la parte del “casi”, a ese porciento pequeñito de cubanos que no toman café.


Aquí en Suecia me pasa igual:

—¿No tomas café?

—Pero si casi todo el mundo lo toma…

Quizás por costumbre, quizás por presión social, quizás porque todo el mundo lo hace.

Yo no. Yo no soy de los que se dejan arrastrar por la corriente.


¿Que si disfruto el mundo sin café?

Perfectamente.

¿Que si lo necesito para animarme?

Para nada.

¿La cafeína?

No me hace falta así.


A veces, eso sí, en una mañana bien fría de este clima de acá, si no estoy trabajando, me preparo un Irish Coffee, lo disfruto despacito… y listo.


Así que, café?

No, gracias.






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