Berto y sus relojes
En aquellos días de la secundaria, a principios de los ochenta, Berto era una figura inconfundible en nuestra vida académica. No sé si Berto era su verdadero nombre, un apodo o una versión acortada del mismo, pero así lo conocían todos: el profesor de Anatomía.
Berto siempre vestía pantalones vaqueros, que en Cuba llamamos "pitusas". Combinaba estos con pullovers piké, camisetas t-shirt o "pullovitos de cuello", cinturón y zapatos a juego. Pero lo que realmente llamaba la atención era su colección de relojes. Cada cambio de ropa iba acompañado, inexorablemente, de un cambio de reloj.
En esos tiempos, solo aquellos con recursos económicos considerables o ayuda del extranjero podían permitirse tal lujo. Mi compañero de mesa, Ulpiano, y yo éramos probablemente los únicos en nuestro grupo que notábamos los cambios de reloj de Berto. Estoy convencido de que todos eran relojes de marcas reconocidas, imponentes y hermosos.
La figura de Berto, con su estilo inigualable y su impresionante colección de relojes, dejó una huella indeleble en nuestra memoria juvenil.




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