Sangre en la bañera

 Estaba apurado y con la premura obvié aquello de

« Vísteme despacio que tengo prisa »

Lanzarote, verano, viaje de buceo. Tenía que estar en el club de buceo temprano en la mañana y, en un arranque de valentía, decidí afeitarme la cabeza antes de irme. Mi compañera de buceo me estaba esperando pacientemente mientras yo me duchaba y afeitaba de prisa , maquinilla en mano.





Todo iba bien hasta que, de repente, sentí un pequeño tirón. ¡Ay, caramba! La maquinilla había decidido hacer de las suyas y rasgar un poco de piel. De inmediato, la sangre comenzó a brotar como en la famosa escena de la película "Psicosis" de Alfred Hitchcock. Solo me faltaba gritar como Janet Leigh.



En ese momento, mi mayor preocupación no era la herida, sino el pensamiento absurdo de sangrar durante la inmersión y atraer a algún habitante marino curioso. Imaginaba a los peces haciendo cola para ver el espectáculo del humano torpe.

Pero, afortunadamente, nada de eso pasó. No sangré durante la inmersión, ni hubo incidentes con tiburones o peces chismosos. La sangre solo se derramó en la bañera y, por suerte, no hubo espectadores más allá de mi ,  incrédulo….

Así que, con la cabeza afeitada y el susto superado, me uní a mi compañera y disfrutamos de una inmersión perfecta, sin más drama que el de mis propias aventuras matutinas.


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