Cautivo



En un inicio pensé que había sido una sola vez, en mi época de adolescente,

cuando la oportunidad fue más fuerte que el compromiso.


La segunda vez volví a caer cautivo.

Esa vez no tuvo tanta repercusión para otros,

pero estuve un tanto alejado de la vida social.


Después llegaron sucesivos procesos en que, al caer cautivo,

el mundo circundante desaparecía.


En la oportunidad más cercana al tiempo en que escribo,

el proceso fue más largo y más intenso:

el contacto social afectaba mi condición de cautivo,

algo que yo disfrutaba a plenitud.


Podría pensarse que se trataba de una variante del Síndrome de Estocolmo,

pero nada más alejado de la realidad.


Mis captores eran libros.

Excelentes libros.

Inolvidables:




Diferentes, cautivadores…

Así descubrí que soy feliz cuando estoy cautivo de la lectura.

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