Con mi carterista .


 Carteristas



Su existencia, o más bien los resultados de su criminal actuar, son conocidos y sufridos por sus víctimas, pero en muy contadas ocasiones son identificados, detenidos y en consecuencia, sometidos al correspondiente proceso judicial.

En el pleno apogeo de mis deberes jurídicos me quise someter o más bien experimentar el ser una víctima de los carteristas de la ruta 100 que transitaba entre La Víbora y Marianao.

Para ir al Departamento Técnico de Investigaciones ( DTI) donde con relativa frecuencia asistía, debía utilizar la precitada ruta.

Me vestí con un overall que tenía un bolsillo con cierre de cremallera al frente; allí guardé mi billetera. Segura y bajo mi supervisión.

En el bolsillo trasero del pantalón coloqué el cebo, el objeto que debería ser sustraído y que por su grosor y forma se asemejaba a una billetera .

Llegó la guagua, se formó el molote para tratar de subirnos. Lo logré, siempre cuidando mi billetera en el bolsillo de la parte delantera del overall y tratando de aguzar mis sentidos para percatarme del momento de la sustracción. 



La guagua comenzó a moverse y después de unos segundos se detuvo….

Me palpé el bolsillo trasero para cerciorarme de que la agenda aún estuviera allí.


El resultado comprobó mis sospechas .

Había sido « cartereado » por voluntad propia y a sabiendas de que ocurriría …. pero no sentí absolutamente nada.

Si mi querido delincuente tuvo la curiosidad de revisar el contenido de la agenda habrá notado que solo tenía los números telefónicos de la policía y de la fiscalía.


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