De viernes a sábado…..

 


Pasadas las 12:00, el mundo parecía más íntimo. El aire se sentía denso, cargado de música, aromas y emociones. La mezcla de ron con cola y tequila comenzaba a deslizarse por mi cuerpo como un río de fuego lento, encendiendo cada recuerdo que la música evocaba. XScape hacía vibrar las bocinas, sus voces tejían un puente hacia tiempos más simples, donde las complicaciones eran las de un corazón que latía rápido al ritmo del R&B.


Cerré los ojos por un momento y me dejé llevar. Keyshia Cole comenzaba a sonar con su voz cruda y honesta, trayendo imágenes de noches pasadas: la calidez de unas manos, el brillo de una sonrisa bajo una farola que apenas iluminaba, y esas conversaciones que parecían eternas. Cada nota era un hilo que tiraba de mí hacia esos instantes, dejando una estela de melancolía dulce.


Al abrir los ojos, el vaso en mi mano estaba a medio llenar, las luces suaves del ambiente jugaban con el color ámbar de la bebida. La voz de Keith Sweat llenó el espacio con su seducción inconfundible, y no pude evitar sonreír. Recordé los bailes apretados en discotecas diminutas, donde el mundo parecía reducirse a dos cuerpos moviéndose al unísono. “Make It Last Forever” resonaba como un eco en mi mente, una súplica para que las cosas no cambiaran, aunque sabía que todo siempre lo hacía. 

Mis pensamientos fluyeron hacia los amigos que ya no estaban cerca, dispersos por el mundo o atrapados en sus propias vidas. Pero ahí, en ese momento, sus risas resonaban de nuevo, sus historias se mezclaban con las mías como si el tiempo no hubiera pasado. El R&B era el pegamento que unía las piezas de un rompecabezas emocional que yo no sabía que estaba reconstruyendo.


Volví a llenar el vaso, esta vez con más tequila que cola. Me recosté en el sofá, dejando que mi cabeza se hundiera en el respaldo mientras los recuerdos seguían desfilando, a veces nítidos, otras veces como un caleidoscopio borroso. La madrugada se deslizaba lentamente hacia el amanecer, pero no tenía prisa. Ahí estaba yo, atrapado entre el ayer y el ahora, agradecido por ambas cosas y por el poder de la música para mantener viva la llama de lo que fui, lo que soy y lo que aún sueño ser. los ojosMis pensamientos fluyeron hacia los amigos que ya no estaban cerca, dispersos por el mundo o atrapados en sus propias vidas. Pero ahí, en ese momento, sus risas resonaban de nuevo, sus historias se mezclaban con las mías como si el tiempo no hubiera pasado. El R&B era el pegamento que unía las piezas de un rompecabezas emocional que yo no sabía que estaba reconstruyendo.


Volví a llenar el vaso, esta vez con más tequila que cola. Me recosté en el sofá, dejando que mi cabeza se hundiera en el respaldo mientras los recuerdos seguían desfilando, a veces nítidos, otras veces como un caleidoscopio borroso. La madrugada se deslizaba lentamente hacia el amanecer, pero no tenía prisa. Ahí estaba yo, atrapado entre el ayer y el ahora, agradecido por ambas cosas y por el poder de la música para mantener viva la llama de lo que fui, lo que soy y lo que aún sueño ser. en mi mano estaba a medio llenar, las luces suaves del ambiente jugaban con el color ámbar de la bebida. La voz de Keith Sweat llenó el espacio con su seducción inconfundible, y no pude evitar sonreír. Recordé los bailes apretados en discotecas diminutas, donde el mundo parecía reducirse a dos cuerpos moviéndose al unísono. “Make It Last Forever” resonaba como un eco en mi mente, una súplica para que las cosas no cambiaran, aunque sabía que todo siempre lo hacía.


Mis pensamientos fluyeron hacia los amigos que ya no estaban cerca, dispersos por el mundo o atrapados en sus propias vidas. Pero ahí, en ese momento, sus risas resonaban de nuevo, sus historias se mezclaban con las mías como si el tiempo no hubiera pasado. El R&B era el pegamento que unía las piezas de un rompecabezas emocional que yo no sabía que estaba reconstruyendo.


Volví a llenar el vaso, esta vez con más tequila que cola. Me recosté en el sofá, dejando que mi cabeza se hundiera en el respaldo mientras los recuerdos seguían desfilando, a veces nítidos, otras veces como un caleidoscopio borroso. La madrugada se deslizaba lentamente hacia el amanecer, pero no tenía prisa. Ahí estaba yo, atrapado entre el ayer y el ahora, agradecido por ambas cosas y por el poder de la música para mantener viva la llama de lo que fui, lo que soy y lo que aún sueño ser.

Comentarios

Entradas populares