El bodegón

 Otra de mi vida universitaria 


El Bodegón de Teodoro de la Casa de la FEU ( cuyo nombre oficial era Casa Estudiantil Universitaria José Antonio Echevarría) era un sitio no apto para pusilánimes, ni bebedores lentos.

Se bebía mucho y a una velocidad desmedida. Ubicado en los jardines del lugar era la segunda parte de una tarde de cervezas que se iniciaba en el bar. 

En el bar se servía solo cerveza embotellada.

Acceder a la barra era el nivel más alto dentro del rango de bebedores y los que llegaban más temprano.

El resto se acomodaba en las mesas dispuestas en el lugar.

El sonido eventual de las botellas al chocar las unas con las otras.

Las conversaciones de los jóvenes estudiantes de las distintas carreras universitarias: Derecho, Economía, Biología, Psicología, Periodismo, Historia, Matemática-Cibernética, Filología, Filosofía.

El pulso y la energía de ambos lugares era impactante, subyugante y adictivo, unido a las propiedades similares del líquido ambarino que casi helado se pedía-era servido y consumido con ansias de sediento ser en un desierto.

Jornadas muchas allí pasé.

Me iba del tercer turno de clases de la tarde para estar a tiempo cuando abriera el bar.

Cursaba el tercer año de la carrera y mis amigos de cuarto año me venían a sonsacar para ir a compartir con ellos.

Hubiese sido una descortesía rechazar tal y invitación.


Del bar al bodegón con alegría y bajo los efluvios de la deliciosa cerveza hice amigos, conocí a muchísimos compañeros de estudios universitarios y pasé muchísimas excelentes horas entre risas y tragos.

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